Sapiens es un recorrido por nuestro pasado. Homo Deus, una mirada a nuestro futuro. 21 lecciones para el siglo XXI es una exploración de nuestro presente. ¿Cómo podemos protegernos de las guerras nucleares, los cataclismos ecológicos o las tecnologías disruptivas? ¿Qué podemos hacer contra la propagación de la posverdad o la amenaza del terrorismo? ¿Qué debemos enseñar a nuestros hijos? Con la misma prosa inteligente, fresca y provocadora, Harari vuelve a librerías con un nuevo título, 21 lecciones para el siglo XXI, en el que examina algunas de las cuestiones más urgentes de nuestro presente. El hilo dorado que recorre este estimulante nuevo libro es el desafío de mantener nuestro enfoque colectivo e individual frente al constante y desorientador cambio que estamos viviendo. ¿Somos aún capaces de entender el mundo que hemos creado?
Los textos aquí reunidos intentan pensar, cada uno a su manera, problemas específicos de la política. Si hoy la política parece atravesar un eclipse duradero, en el cual se presenta en una posición subalterna respecto de la religión, de la economía e incluso del derecho, esto se debe a que, en la misma medida en que perdía conciencia del propio rango ontológico, la política evitó la confrontación con las transformaciones que de manera progresiva desde su seno han vaciado de contenido sus categorías y conceptos. Es por este motivo que, en este libro, se buscan paradigmas genuinamente políticos en experiencias y fenómenos que a menudo no son considerados tales (o lo son de forma marginal): la vida natural de los hombres (la ‘zoé’, en un tiempo excluida del ámbito propiamente político, es ahora restituida, conforme la diagnosis de la biopolítica foucaultiana, al centro de la ‘pólis’); el estado de excepción (esa suspensión temporal del ordenamiento legal, que, por el contrario, demuestra que constituye su estructura en todo sentido fundamental); el campo de concentración (esa zona de indiferencia entre lo público y lo privado y, a la vez, matriz oculta del espacio político en que vivimos); el refugiado, que, al romper el nexo entre el hombre y el ciudadano, de figura marginal se transforma en factor decisivo de la crisis del Estado-nación moderno; el lenguaje, objeto de una hipertrofia y, a un tiempo, de una expropiación, que definen la política de la sociedad democrático-espectacular en la que vivimos; la esfera de los medios puros o de los gestos (es decir, de los medios que, a pesar de seguir siendo tales, se emancipan de la relación que tienen con un fin) como esfera propia de la política.