El romance de Jules y Evan continúa en esta emocionante y conmovedora historia sobre madurar y enfrentar los desafíos del amor. Nadie dijo que crecer sería fácil, pero Jules no esperaba que fuera tan abrumador: la relación de sus mejores amigos está dañada, su mamá no está lista para soltar el pasado y los problemas con su novio Evan parecen no acabar. Jules está segura de que no hay forma de empeorar la situación... hasta que su cercanía con Shane la hace cuestionar sus verdaderos sentimientos hacia el chico que por mucho tiempo juró odiar. Elegir entre Evan y Shane no debería ser difícil: uno es su guapísimo y misterioso novio; el otro es... un idiópido, pero tantos problemas nublan el juicio de Jules y le impiden dar el siguiente paso. Ahora, no sólo tendrá que enfrentarse a la incertidumbre de lo que vendrá cuando se gradúe, sino que su corazón deberá tomar una decisión que cambiará su vida para siempre.
Pedro Juan Gutiérrez destilado en diecisiete relatos cubanos repletos de vitalismo, crudeza y sexo. Diecisiete relatos que funcionan como una sucesión de estampas cubanas. Un retrato de la vida en la isla a lo largo de tres décadas, de los años cincuenta a los setenta del pasado siglo, en tres escenarios privilegiados: Matanzas, Pinar del Río y La Habana. Sin embargo, este es un libro de cuentos que puede leerse también como una suerte de novela abierta o episódica, porque hay personajes que van reapareciendo en las sucesivas historias. En especial uno, Carlitos, al que conocemos de niño, y luego reencontramos convertido en recluta y en obrero de la construcción que quiere estudiar Arquitectura y sueña con convertirse en periodista. Vemos a Carlitos abriéndose paso en la vida adulta, viviendo entusiasmos y decepciones. Y relacionándose con mujeres que lo marcarán: la madre, la tía sofisticada, la vecina que se parece a Sofía Loren y le provoca ensoñaciones masturbatorias, la novia con la que vive una situación muy peligrosa, la joven divorciada, la mujer madura y virgen… Y como trasfondo de sus peripecias, asoman los cambios sociales y culturales que se produjeron en Cuba a lo largo de esas tres décadas. Pedro Juan Gutiérrez presenta en esta Mecánica popular un mosaico caribeño, repleto de vitalismo, conflictos, sueños y sexo. Viñetas de la vida cubana, una literatura arraigada a lo cotidiano retratado sin velos. Hay en estos textos visceralidad, crudeza, carnalidad y una pizca de melancolía por unos años que han quedado definitivamente atrás.
Un diario que es también una inmersión en las aguas de la quietud y la autoexploración. Parece poco productivo tratar de encasillar un texto cuando sus palabras están en fuga, dirigiéndose hacia algún lugar en el que el lenguaje es obsoleto. «En el medio de la pandemia, en 2020, un comienzo. Diversas búsquedas. Una, la primera, quizás la más importante, alrededor del lenguaje. ¿Con qué palabras se nombra el silencio? Los fragmentos de diario de una mujer que se pregunta cuáles son las formas de vivir en ciudad, en ruido, en estímulo constante, en violencia acústica imposible de parar. Otra, alrededor de un movimiento, un cambio, una mudanza. Buscar el mar, que parece poderlo todo. Abandonar la urbe para salvar lo que queda de esa persona que no nombra, pero sabe, desea, quiere. Un nuevo territorio que exige una nueva forma de vivir.» Tamara Silva Bernaschina
Escritos en 1872 y 1879, respectivamente, los dos volúmenes que componen el poema épico Martín Fierro son la culminación del género gauchesco y el máximo exponente de la literatura argentina a nivel mundial. A través de la narración de las peripecias del héroe -el gaucho Fierro, uno de los personajes más vitales, brutales y contradictorios de las letras nacionales-, José Hernández pone en evidencia la cruda realidad a la que se veían enfrentados los hombres del siglo XIX enviados a la frontera a luchar contra los indios, y denuncia los abusos de poder por parte de un Estado corrupto y arbitrario. El poema viene precedido por una magnífica introducción del escritor Carlos Gamerro, quien advierte que el mundo de Martín Fierro se ha convertido prácticamente en el nuestro y que constituye un punto de inflexión crucial en la literatura argentina.
Un amor puro entre personas que pertenecen a mundos opuestos. Buenos Aires, 1914. Tras décadas de ausencia, la famosa soprano Micaela Urtiaga Four “la Divina Four” decide regresar de Europa a su tierra natal en busca de sosiego para su vida agitada. La ciudad que la recibe en ese tórrido enero ya no es la que vio por última vez a sus ocho años, antes de subir al barco que la llevaría a Suiza tras el suicidio de su madre. La repentina aparición de Carlo Varzi, un inescrupuloso proxeneta del barrio de La Boca, dará por tierra con sus ansias de paz y de tranquilidad. Micaela luchará por resistir la poderosa atracción que le inspira ese hombre que representa la encarnación misma del peligro. Con el mundo del tango y de los lupanares como telón de fondo, Marlene narra el romance turbulento entre una mujer que intenta vencer sus escrúpulos y un hombre que busca la redención. Florencia Bonelli vuelve a fascinar con una novela que plantea la posibilidad de un amor verdadero y puro entre personas que pertenecen a mundos opuestos.
Esta novela no la protagonizan seres extraterrestres sino Mauricio Hernández Norambuena, que podría ser descrito, parafraseando a Bolaño, como uno de los últimos revolucionarios de las guerras floridas latinoamericanas. Marciano extrema la apuesta de Nona Fernández, que ha cruzado audazmente la memoria y la imaginación para entender la historia reciente de Chile, sumergiéndose en zonas que parecen salirse de los límites terrenales, en las que espacio y tiempo no son tan claros. La narradora visita a Hernández en la cárcel donde cumple una larga condena para hacerle preguntas, convocando en un notable tejido de voces a varios personajes a fin de entender cómo fue su historia: la de alguien que, mientras cultivaba amores y amistades inextinguibles, agitó la resistencia a la dictadura, estuvo fusil en mano en el atentado a Pinochet y luego, ya en democracia, derivó entre ilusiones perdidas, muertes, prisiones y fugas. Una novela electrizante, que aterriza en la mente de un personaje complejo para entenderlo en toda su intensidad y contradicción.
SI NO PUEDE DISTINGUIR QUIÉN RESPIRA Y QUIÉN NO, EL RETRATO ES UN CLAYTON & Co. La desaparecida localidad de Atlas, a pocos kilómetros del puerto más importante del Pacífico, acogió hasta 1892 a una población flotante de casi tres mil inmigrantes de doce nacionalidades, sirviendo de residencia temporal y epicentro de trámites aduaneros. Como una pequeña república, poseía su propia divisa y banco universal, una capilla ecuménica, diversas oficinas consulares, su propia estación de tren y, en los días de auge de la fotografía post mortem, su propia médium: la joven Abigail Clayton, quien, a través de su cámara de fuelle y la técnica del ambrotipo, recibía mensajes de los cadáveres que retrataba. Aristócratas y diplomáticos de todo el mundo viajaron a conocerla, fue amada y temida, hasta que una acusación de demencia y un juicio por homicidio terminaron con su corta carrera. Dicen que estuvo encerrada en un manicomio casi veinte años antes de que la tuberculosis la matara. Eso dicen. A veces, la verdadera historia solo la conoce la misma Muerte. O se revela en sus fotos.
Las Heras es una localidad ubicada en la provincia argentina de Santa Cruz, que brotó en el desierto patagónico con la llegada del ferrocarril y la explotación del petróleo por parte del Estado. Cuando la prosperidad se desvaneció, entre otras cosas por la privatización de la petrolera, solo quedaron el viento, la indiferencia y un puñado de habitantes. Entre 1997 y 1999, el suicidio de doce jóvenes, todos muy conocidos en la ciudad, sacudió a Las Heras. No hubo un listado oficial de aquellas muertes, nadie encendió las luces de alarma. Se decía que en el pueblo pasaban cosas raras, que detrás de las muertes se encontraba una secta, pero también que, en aquella tierra desolada, no había futuro para la juventud. Publicado en 2005, Los suicidas del fin del mundo fue el libro fundacional de Leila Guerriero. La periodista argentina viajó a Las Heras para indagar en la serie de suicidios. Recorrió las mismas calles ventosas por las que habían caminado los suicidas y entrevistó a madres, novios, hermanas y amigos de los muertos, a prostitutas, peluqueros y profesores de colegio que los habían conocido. Para reconstruir aquellas vidas, escuchó testimonios a veces inconclusos, a veces contradictorios, que daban cuenta de existencias duras y olvidadas. La cronista se mueve por las páginas con voz recogida y observa, con una sensibilidad que no se permite el sentimentalismo, el relato comunitario que revela la tragedia. Las voces de los dolientes atraviesan esta crónica, rodeadas por un paisaje yermo que Guerriero convierte en parte fundamental de la narración. Con lenguaje crudo y eficaz, se hunde en las profundidades de la pérdida, el dolor, la violencia, el desempleo y la marginalidad en un pueblo que podría contar la historia de tantos otros. De fondo, persiste el alarido del viento que chirría en un presente aún sin perspectiva ni esperanza.
La muestra más paradigmática de la originalidad y la audacia narrativa de Bolaño. Un thriller original en el que el policía es el lector. Por el ganador de los premios Rómulo Gallegos, Salambó, Altazor, National Book Critics Award, Ciudad de Barcelona, entre otros. Roberto Bolaño comenzó a escribir Los sinsabores del verdadero policía en los años ochenta del siglo XX, una época en la que aún estaba entregado a la poesía y no vislumbraba el legado que dejaría en los años venideros. El punto final a la obra, sin embargo, no lo puso hasta veinte años después, en los últimos días de su vida. Durante todo este tiempo, Bolaño recogió o apuntó por primera vez los nombres y los escenarios que se repetirían en otras obras como Estrella distante, Llamadas telefónicas y Los detectives salvajes. Así, desfilan por estas páginas, perdidos en la ficticia y terrible ciudad de Santa Teresa, el exiliado académico chileno Óscar Amalfitano, su hija Rosa, un sevillano a quien los rusos cortan la lengua, un escritor francés llamado Arcimboldi -que nos recuerda al literato desaparecido en 2666- todos ellos hilos entrecruzados en la trama de esta novela, muestra paradigmática del talante más vanguardista de su autor.
Publicada en 1958 y considerada la novela más importante de Arguedas, en Los ríos profundos se trata por primera vez en la literatura latinoamericana la figura del indio y sus problemas desde una perspectiva cercana y realista. Narra el paso a la edad adulta de un chico de catorce años que descubre las injusticias presentes en el mundo y elige su camino. El relato recorre la geografía del sur de Perú en un viaje itinerante que le lleva a él y a su padre en busca de una vida nueva. En Abancay ingresa en un internado dondepasa a formar parte de un microcosmos que refleja cómo es la sociedad peruana y cuáles son las normas que imperan, su crueldad y su violencia. Fuera del colegio, los conflictos sociales forzarán su toma de conciencia.
Al leer la obra de Carolina Bello se me vienen a la mente muchos nombres propios; entre los que saltan a la luz de su escritura: Juan Carlos Onetti, Juan Rulfo, Virginia Woolf o Scott Fitzgerald. Leí todos estos cuentos con la esencia de mi alma metida en las palabras escritas, mientras volaba por el aire del libro, por los sucesos que a mí mismo me han pasado, en mi casa, con los míos, con las enfermedades y los perros, con el susto y con el dolor que se junta con el silencio para apagarlo todo. Esta de Los niños se ahogan en silencio es una lectura que ordena el espíritu, como un aire de madrugada cuando ya no hay insomnio sino sueño. En esta sorpresa callada del dolor que transmite Carolina Bello con su hermoso modo de contar el amor deshilachado y la vida asustada de las personas hay una visita a la soledad, a una vida que en algún momento sentimos que podría ser también múltiple y multitudinaria, cuando en realidad nos está esperando con la palabra fin para convocarnos a la tristeza manca que se fabrica dentro de un silencio de bóveda.
"Los heraldos negros" es el primer libro de César Vallejo. Inscrito en el modernismo hispanoamericano representa, respecto a ese movimiento, una verdadera innovación dentro del discurso modernista: la personalidad del poeta se impone dentro del canon rítmico y temático de esa corriente, discute y expone su experiencia, sus percepciones, sus valores y sus creencias para librarse de sus ataduras y descubrir su humanidad desnuda. Vacía los nombres de contenido para poner en duda la significación tradicional del mundo. Libro profundamente ambiguo que se mueve entre polarizaciones, afirmaciones y negaciones. La edición que presenta Cátedra es la publicada en Anaya y Mario Muchnik, con algunas mejoras.
Hay comienzos en la literatura que contienen en pocas palabras todo el conflicto de una obra y su grandeza. Así empieza Los galgos, los galgos: «De mi padre heredé una casa, la mitad de un campo y algo de dinero. Lloré mucho esa muerte, pero no puedo decir que la herencia me tomara de sorpresa. Sentados en la luz del amanecer, hacia el fin del velorio, se me ocurrió decir a mi hermano que le cambiaba mi casa por su parte de campo y, como aceptó en seguida y tuve que firmar una cantidad de papeles, comprendí que había hecho mal negocio». Son las palabras de Julián, protagonista y narrador de esta novela que bien puede leerse como una historia de amor y desamor, pero que es tantas otras cosas: un ensayo sobre el desgaste al que somete el tiempo nuestras convicciones, un comentario sutil sobre los usos y costumbres de una clase, sobre el peso de esos usos y costumbres sobre ciertas fantasías e insatisfacciones, una representación del campo y del mundo animal y vegetal como no hay otra en la literatura argentina. Publicada por primera vez en 1968, Los galgos, los galgos ganó el Premio Municipal de Literatura y es considerada una obra mayor dentro de la extraordinaria producción de Sara Gallardo. Escrita en estado de gracia, atravesada por un melancólico sentido de la fatalidad, pero embebida de un humor inteligente y fino, esta es una novela que deja una huella indeleble, profunda admiración y eterna pena.
Estamos en Macondo y su región una vez más, entre personajes y episodios reconocibles, pero ahora caen pájaros muertos sobre el poblado, rompiendo mosquiteros y alambradas, un cura ve al diablo o afirma haber encontrado al judío errante, y visitar la tumba de un ser querido supone un riesgo impredecible. Y hay que enterrar a la Mamá Grande, soberana absoluta de este mundo, que falleció en olor de santidad a los noventa y dos años, tras haber conservado la virginidad durante toda su vida, y a cuyos funerales acude el presidente de la República y hasta el Sumo Pontífice en su góndola papal, pero también guajiros, contrabandistas, arroceros, prostitutas, hechiceros y bananeros llegados para la ocasión. «Ésta es, incrédulos del mundo entero, la verídica historia de la Mamá Grande, soberana absoluta del reino de Macondo, que vivió en función de dominio durante 92 años y murió en olor de santidad un martes de septiembre pasado, y a cuyos funerales vino en Sumo Pontífice.»
Su poesía está pensada y sentida «en profundidad», lo que es un poco difícil de explicar: hay un tipo de Arte cuyas manifestaciones, que pueden por lo demás ser bellísimas, se agotan en la primera percepción; y otro tipo de arte que se puede ahondar. La poesía de Delmira Agustini tiene en un grado excepcional esta cualidad, y, en las sucesivas lecturas se va enriqueciendo con una armonía profunda de resonancias intelectuales y afectivas. Siempre he creído que este es el tipo más elevado de árte. Carlos Vaz Ferreira Sus versos de una fluidez armoniosa y vibrante, dignos de Mallarmé, viven la idealidad de un éxtasis de gloria.
Camila viaja de Washington a México para escribir un reportaje sobre el estado de Chiapas, que se encuentra bajo la mirada mundial por el protagonismo de uno de los líderes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN): el subcomandante Marcos. Pero su llegada a San Cristóbal de las Casas tiene un objetivo más profundo que una crónica periodística: su marido la ha incentivado a re alizar este trabajo para ayudarla a superar la muerte del hijo de ambos. Sumida en este dolor, Camila llega al sureste mexicano, donde conoce a Reina Barcelona, una uruguaya que despierta en ella el espíritu de lucha contra la injusticia social y la motiva a participar activamente en el movimiento revolucionario indigenista mexicano. En esta aventura la protagonista conoce el amor, pero también el abuso, el maltrato y el secuestro. Todo ello la lleva a reconciliarse con su pasado y su historia. Lo que está en mi corazón, frase con que las mujeres mayas terminan siempre sus relatos, está narrada con la inconfundible prosa de la exitosa escritora chilena Marcela Serrano. Una novela donde la revolución zapatista sirve de paisaje de fondo para una conmovedora historia que invita a reflexio nar, desde el punto de vista de lo femenino, sobre temas como la pérdida de los hijos, la pasión, el temor a la in seguridad y las pequeñas cobardías cotidianas.
Un apagón histórico abre una brecha en el tiempo para que María Esther Gilio y Liliana Villanueva conversen durante nueve horas en una Montevideo lluviosa y en penumbras. La lucidez de Gilio —probablemente la mejor entrevistadora que haya dado el Río de la Plata—, su sensibilidad y su apertura total para asumir el rol de entrevistada resultan en un delicioso relato de una vida intensa. En la charla se recorren casi noventa años ligando una historia personal marcada por el exilio con el inicio de su trabajo en los medios, su rol de abogada de presos políticos, que la llevó a escribir el premiado libro La guerrilla tupamara, y sus entrevistas. Supo ser interlocutora tanto para grandes figuras de la cultura del siglo xx —como Juan Carlos Onetti, Jorge Luis Borges o Aníbal Troilo— como para María, una campesina migrante del nordeste de Brasil que cambió definitivamente su forma de ver al otro. Premio Testimonio de Casa de las Américas, Lloverá siempre es al mismo tiempo una novela confesional, una biografía caprichosa y una lección de periodismo.
La escritura se atraviesa como una fiebre: con intensidad, entrega y obsesión. Escribir no es inspiración, es cuerpo que duele, se contractura y sangra palabras. Bazterrica despliega su ética del trabajo literario; una poética del rigor y la cadencia, del detalle y el vértigo, donde cada palabra importa y cada silencio pesa. Este no es un libro sobre escribir. Es el registro del deseo y el dolor de quien, página a página, se deja devorar por la literatura para poder, apenas, seguir viva. La autora imagina con el cuerpo, corrige con los huesos, respira a través de letras y pule cada oración como si en ello se jugara la vida. Cada frase late, punza, arde. Leer para escribir, escribir para vivir. Y sobrevivir, inevitablemente, a través de la literatura.
El sueño como el más antiguo y no menos complejo de los géneros literarios. Una asombrosa recopilación de la mano de Jorge Luis Borges. En este volumen, Borges presenta relatos de paisaje onírico de distintas épocas y documenta lo que ha soñado el hombre desde que es hombre, discurriendo por el sendero que va de las primeras civilizaciones a Kafka, revisando los trances proféticos del Antiguo Testamento, las epopeyas clásicas o la filosofía china. Una fabulosa antología, en definitiva, que consagra el sueño como el más antiguo y complejo de los géneros literarios. «Este Libro de sueños que los lectores volverán a soñar abarca sueños de la noche -los que yo firmo, por ejemplo-, sueños del día, que son un ejercicio voluntario de nuestra mente, y otros de raigambre perdida: digamos, el Sueño anglosajón de la Cruz.»