La historia de la obsesión de Humbert Humbert, un profesor cuarentón, por la doceañera Lolita es una extraordinaria novela de amor en la que intervienen dos componentes explosivos: la atracción «perversa» por las nínfulas y el incesto. Un itinerario a través de la locura y la muerte, que desemboca en una estilizadísima violencia, narrado, a la vez con autoironía y lirismo desenfrenado, por el propio Humbert Humbert. "Lolita" es también un retrato ácido y visionario de los Estados Unidos, de los horrores suburbanos y de la cultura del plástico y del motel. En resumen, una exhibición deslumbrante de talento y humor a cargo de un escritor que confesó que le hubiera encantado filmar los picnics de Lewis Carrol. «Ningún amante ha pensado en su amada con tanta ternura, ninguna mujer ha sido tan embelesadamente evocada, con tanta gracia y delicadeza, como Lolita» (Lionel Trilling). «La obra más satisfactoria –quizá la única satisfactoria– de la literatura erótica que haya leído... Mientras nuestro siglo entra en sus años finales, la última carcajada puede ser la mejor de todas: la Gran Novela Americana fue escrita por un ruso» (Alan Levy). «Entre las más sutiles y complejas creaciones literarias de nuestro tiempo. Lo cual no significa, por cierto, que no sea un libro provocador» (Mario Vargas Llosa).
El almuerzo desnudo, una de las novelas más míticas de la literatura norteamericana, es un descenso a los infiernos de la droga y una denuncia horrorizada y sardónica, onírica y alucinatoria de la sociedad actual, un mundo sin esperanza ni futuro. Burroughs dispara sus flechas contra las religiones, el ejército, la universidad, la sexualidad, la justicia corrupta, los traficantes tramposos, el colonialismo, la burocracia y la psiquiatría representada por el siniestro Dr. Benway, el gran manipulador de conciencias, el experto en Control total.
Guiado por la idea de adaptar el texto para una lectura pública, Alessandro Baricco relee y reescribe la Ilíada de Homero, como si tuviéramos que devolver a Homero allí mismo, a la Ilíada, para contemplar uno de los más majestuosos paisajes de nuestro destino. Trabajando a partir de la traducción de Maria Grazia Ciani, construye con el material original un concertato de veintiuna voces; los personajes homéricos son llamados a escena ?dejando a los dioses en el fondo? para relatar, con una voz cercanísima a nosotros, su historia de pasiones y de sangre, su gran guerra, su gran aventura. «Atractiva Ilíada, reescrita en un ritmo rápido y vibrante... Sabe conservar su soberbio esqueleto, su monumental prestancia y su hondura trágica» (Carlos García Gual, El País). «Literalmente he devorado la Ilíada de Baricco. Es hermosa, sutil, envolvente de principio a fin» (Robert Saladrigas, La Vanguardia). «La obra nació por el deseo de realizar una lectura pública de la Ilíada... El resultado es, en mi opinión, espléndido» (Germán Gullón, El Mundo).
Hace muchos años, en medio de algún océano, una fragata de la marina francesa naufragó. 147 hombres intentaron salvarse subiendo a una enorme balsa y confiándose al mar. Un formidable escenario en el que se mostraron la peor de las crueldades y la más dulce de las piedades. Hace muchos años, a orillas de algún océano, llegó un hombre. Lo había llevado hasta allí una promesa. La posada donde se alojó se llamaba Almayer. Siete habitaciones. Todos estaban allí buscando algo, en equilibrio sobre el océano... Este libro puede leerse como una historia de suspense, como un poema en prosa, un conte philosophique, una novela de aventuras. En cualquier caso, domina la alegría furiosa de contar historias a través de una escritura y una técnica narrativa sin modelos ni antecedentes ni maestros.
Edward T. Topping IV, blanco, anglo y sajón, miembro de una pequeña dinastía –es el cuarto de su familia que lleva este nombre y que ha estudiado en Yale–, va con Mack, su mujer –también Yale– a cenar a un restaurante. Y mientras se desocupa una plaza para aparcar su pequeño y ecológico coche –como toca a personas progresistas y cultivadas como ellos–, un esplendoroso Ferrari, conducido por una latina no menos esplendorosa y cargada de oro y oropeles, les birla el lugar. Y luego la conductora se burla descaradamente de Mack. Quizá porque, como afirma Wolfe, Miami es la única ciudad de América, y quizá del mundo, donde una población venida de otro país, de otra cultura, con otra lengua, se ha hecho dueña del territorio en sólo una generación, y lo demuestra en las urnas, y en el posterior ejercicio del poder. Y por eso Ed Topping ha sido enviado a Miami a reconvertir el Miami Herald en un periódico digital, sin edición en papel, y lanzar El Nuevo Herald para las masas latinas. Y en esa Miami y en este diario viven y trabajan dos personajes fundamentales de esta inmensa, intensa, divertida novela: el joven John Smith, un periodista que persigue la gran exclusiva que hará que deje de ser novato y desconocido, y Nestor Camacho, policía, veintidós años, miembro de la segunda generación de cubano-americanos nacidos en Miami, que se expresa mucho mejor en inglés que en español, y será el protagonista de la exclusiva de John. Pero hay más, mucho más: está Magdalena, la muy guapa Magdalena, novia o algo parecido de Nestor, y su amante, un psiquiatra famosillo, especializado en el tratamiento de las adicciones sexuales y hábil trepador, que se aprovecha de uno de sus pacientes, un poderoso millonario que vive masturbándose con tal intensidad que tiene el pene casi deshecho, para circular entre la más selecta sociedad de Miami. Y hay mafiosos rusos, un alcalde latino y un jefe de policía negro. Y los fastos y las fiestas donde se congregan todos los que hacen que el mundo y Miami giren en la vida y en esta novela, tan torrencial como, a menudo, esperpéntica…
Charles Bukowski, escritor eminentemente autobiográfico, nos cuenta en esta obra otro fragmento de la vida de su alter ego Chinaski. En "Cartero" describe los doce años en que estuvo empleado en una sórdida oficina de correos de Los Ángeles. El libro termina cuando Chinaski/Bukowski abandona la miserable seguridad de su empleo, a los 49 años, para dedicarse exclusivamente a escribir. Y escribe "Cartero", su primera novela.
El autor presentaba la edición italiana de este libro, que tuvo un éxito extraordinario, con estas palabras: Ésta no es una novela. Ni siquiera es un cuento. Ésta es una historia. Empieza con un hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento. El hombre se llama Hervé Joncour. El lago, no se sabe. Se podría decir que es una historia de amor. Pero si solamente fuera eso, no habría valido la pena contarla. En ella están entremezclados deseos, y dolores, que no tienen un nombre exacto que los designe. Esto es algo muy antiguo. Cuando no se tiene un nombre para decir las cosas, entonces se utilizan historias. No hay mucho más que añadir. Quizá lo mejor sea aclarar que se trata de una historia decimonónica: lo justo para que nadie se espere aviones, lavadoras o psicoanalistas. No los hay. Quizá en otra ocasión.
Es un jueves perfecto para demoler una casa, propiedad de Arthur Dent, y desintegrar el planeta Tierra. Funcionarios del Estado, gente de imperturbables ideas fijas, sean empleados del ayuntamiento o tripulantes de una Flota Constructora procedente de un planeta a años luz, abren una vía de circunvalación local y una gran autopista hiperespacial. Es el momento idóneo para tomarse una copa y hacer autoestop galáctico. En peligro inminente de extinción, recurriremos a la Guía del autoestopista galáctico, gran bestseller universal. Douglas Adams creó un universo de palabras e imágenes en expansión con el humor y la Energía de la Improbabilidad como motor y combustible narrativos. Máquina de ocurrencias frenéticas y risa lisérgica, adivinó con instinto vidente un futuro de libros electrónicos, traductores instantáneos biotecnológicos e industrias dedicadas a la construcción de planetas de lujo. ¿Y si la Tierra fuera uno de esos planetas artificiales, un ordenador colosal pagado y manejado por ratones para descubrir el sentido de la existencia, y destruido cinco minutos antes de la gran revelación?
Andreas Kartak es un vagabundo que duerme bajo los puentes del Sena. Indigente, alcohólico, es nuestro oscuro gemelo perdido, ese personaje sobre el que volcamos nuestras fantasías de autodestrucción. Todos hemos sido Andreas alguna madrugada, bajo el influjo de la bebida, ebrios de irresponsabilidad, creyéndonos impunes, eternos, soñando con abandonarlo todo, la familia, el trabajo, la respetabilidad, la decencia, anhelando intercambiar nuestras vidas por el simple deleite de alargar, una copa más, una más, ese instante perfecto que no podemos retener; al final volvemos a casa, nos acostamos y al despertar llega la resaca, esa abominación que solemos llamar realidad. Sin embargo, a Andreas, nuestro Santo Bebedor, un día el despertar le reserva un milagro: en lugar de la resaca, un premio a su perversidad. Algo empieza a funcionar al revés (es decir, bien) en este mundo que siempre juzga méritos y culpas; por más que Andreas incumpla sus promesas, una y otra vez, lo que obtendrá a cambio serán recompensas. Es como si el azar, ese dios de la vida urbana, se compadeciera del pobre Andreas y le regalara unos últimos días de felicidad. Que nadie busque moralejas, porque estas son siempre el consuelo de los finales tristes. Juan Pablo Villalobos
Una de las obras capitales de Jack Kerouack, el escritor paradigmático de la generación beat. Situada en la California, expone el descubrimiento del budismo y su primera ley. «la vida es sufrimiento», durante la época en que su autor se sentía un fracasado al no encontrar editor para sus libros. Pero además de un modo filosófico de encarar el fracaso y de la búsqueda del auténtico significado –el Dharma- por parte de unos jóvenes desharrapados y febriles, expresa la comunión con la naturaleza en la cima de altas montañas, la fraternidad y la poesía. Y todo entre vino, marihuana y orgías, donde Kerouac aparece como Ray Smith, aunque el auténtico protagonista sea el poeta y budista Gary Snyder, que figura bajo el nombre de Japhy Ryder. También pueden identificarse fácilmente Allen Ginsberg y Laurence Ferlinghetti, entre otros participantes en el llamado «renacimiento de San Francisco», narrado con suma brillantez en el libro. Los Vagabundos del Dharma elevó a Kerouac a representante esencial del resurgir de una espiritualidad que también era un nuevo modo de relacionarse entre los seres humanos y que hoy, cuando se imponen las realidades virtuales y las rutas cibernéticas, supone un soplo de aire puro y un impulso hacia otros mundos igual de poco sustanciales, pero donde los sentimientos adquieren proporciones insólitas.
Charles Bukowski, la más impactante prosa de alcantarilla: la indecente energía de la furia, el malhablado lenguaje de los bares y una exuberante impertinencia constituyen su voz experta en interrumpir la algarabía de «un mundo lleno de canciones de amor espantosas». Entre borrachos y suicidas, Bukowski ha conseguido que los miserables tengan su poeta y que la ironía sea capaz de derrotar a la peor de las tragedias. ¿No podría, entonces, llevarnos hasta el infierno y traernos sanos y salvos? Sanos, sí; a salvo, no. Y es que en este viaje, pleno en humor cruel y furia etílica, Bukowski despliega sus mejores artes de narrador despiadado para ofrecer una veintena de historias sarcásticas, explosivas y absolutamente inolvidables. Nadie sale ileso: ni el boxeador al que entre round y round le recomiendan tirarse, ni el escritor que va al hipódromo buscando una «acción» que lo arruina, ni el joven aburrido que lleva una prostituta a su casa, ni el actor que trata de escapar de la tiranía de la fama... Ni mucho menos, desde luego, el lector. "Hijo de Satanás", «un triste, cómico y potente libro como jamás escribió este importante autor», según la revista View, implica un paseo electrizante por el paisaje de la decadencia. A través de ese camino, Charles Bukowski ofrece la llave para abrir las secretas puertas del infierno. El callejón está abierto, y las emociones, aseguradas.
La ruleta y sus azares como una vía de escape a una existencia anodina. Carrère retrata a una adicta al juego. Frédérique, mujer de clase media, profesora, separada y con un hijo, lleva una vida aburrida y banal, sin grandes alicientes. Hasta que un día descubre la ruleta y con ella la adrenalina del azar del juego y los caprichos del destino. La ruleta se convierte en una obsesión que la va despegando de su realidad cotidiana, conoce a otro jugador y con él emprende un periplo por todos los casinos de Francia... La escritura metódica de Emmanuel Carrère introduce al lector en la espiral autodestructiva de una mujer que trata de escabullirse de una existencia anodina ofrendando su destino al azar.
En este libro encontrarás escritos que Mario Benedetti compuso para ser cantados así como muchos poemas ya existentes que él mismo adaptó para la canción, género por el que siempre se sintió atraído. Dentro de su habitual tesitura, el autor transita de lo cotidiano a lo épico, de la reflexión afectiva al compromiso político, sin perder en ningún momento ese estilo directo y entrañable que han colaborado a difundir, por medio de la música, artistas como Joan Manuel Serrat, Nacha Guevarra, Daniel Viglietti, Amparo Ochoa, entre muchos otros.
Cuando se conocen por azar una noche en un bar de Manhattan, Kay y Franck son dos almas a la deriva. Él, un actor que roza la cincuentena y al que ya le quedan lejos los días de gloria, intenta olvidar a su mujer, que lo ha abandonado por un hombre más joven. Ella, que acaba de perder la habitación que compartía con una amiga, no tiene donde pasar la noche… ¿Bastará la inmediata atracción mutua para hacerles olvidar las heridas de la vida? Celoso del pasado de Kay, temiendo perderla, tan inseguro de ella como de sí mismo, Franck estará a punto de malograr la nueva oportunidad que el amor parece brindarle. En Tres habitaciones en Manhattan, Simenon se adentra en el corazón de la gran ciudad tras la pista de estos dos vagabundos que se aferran, ajenos al espacio y al tiempo, a un amour fou.
Patrick Martin Ashbridge, un abogado que se ha ganado la confianza de la clase acomodada de Tumacacori, en la frontera de Estados Unidos con México, recibe la inesperada visita de su hermano menor Donald, prófugo que cumplía condena por un intento de asesinato, hombre débil, irresponsable y, sin embargo, dotado de un extraño poder de persuasión. La llegada del fugitivo, que confía en cruzar la frontera aprovechando la crecida del río Bravo con las inmisericordes tempestades de la estación de lluvias, alterará la tranquilidad de la pequeña comunidad de rancheros y enfrentará a los dos hermanos, que se debatirán entre el amor y el odio, el rencor y la culpa. En este paisaje tan inexorable como el destino, cuya realidad social e histórica sigue invariable, Simenon urde uno de sus más notables romans durs, el primero de su etapa americana, donde recrea una compleja trama familiar de resonancias bíblicas, freudianas y, por qué no, autobiográficas.
Esmeralda y Quasimodo: su historia de amor y de muerte, tal vez la mejor recreación del mito de la bella y la bestia, es una de las cumbres de la novela romántica universal. La seductora gitana que se gana la vida tocando la pandereta y bailando en las calles de París, en compañía de su cabra Djali, despierta dos pasiones irreprimibles: la loca atracción sexual del archidiácono de la catedral y el amor más absoluto y puro de su protegido, el forzudo jorobado campanero de la catedral. Pero la fascinante Esmeralda cae a su vez rendida de amor por Febo, el bello y egocéntrico capitán de los arqueros del rey… Esta trama de afectos entrelazados y enfrentados estará condenada a la tragedia y exigirá las mayores pruebas de amor y heroísmo. Con todo, por encima de estos personajes memorables, sobresale otro indiscutible: la propia Catedral de Nuestra Señora de París. Tal era el deseo de Víctor Hugo, quien comenzó a escribir su novela con el fin expreso de que sus contemporáneos fueran más conscientes del valor de la arquitectura gótica, por entonces descuidada y a menudo destruida para ser reemplazada por nuevos edificios. La obra es por ello, asimismo, un magnífico homenaje al arte prodigioso que alumbró la catedral.
Lo que ocurra en esta historia está SOLO en tus manos. Tendrás que sortear grandes peligros y una mala decisión podría acabar en desastre... Pero no desesperes. En cualquier momento puedes retroceder y elegir otra opción, alterar el curso de tu historia y cambiar tu destino. Esta es tu misión: deberás combatir los planes del Señor del Poder Maligno e infiltrarte entre sus hormigas guerreras. Gracias a tu láser miniaturizador podrás hacerlo, pero te esperan incontables peligros...
Disparad a todos los arrendajos azules que queráis, si podéis acertarles, pero recordad que es un pecado matar a un ruiseñor. Este es el consejo que da a sus hijos un abogado que está defendiendo al verdadero ruiseñor del clásico de Harper Lee: un hombre de color acusado de violar a una joven blanca. Desde la mirada de Jem y Scout Finch, Harper Lee explora con humor y una honestidad insobornable la actitud irracional que en cuestiones de raza y clase social tenían los adultos del Sur profundo en los años treinta. La conciencia de una ciudad impregnada de prejuicios, violencia e hipocresía se enfrenta con la fortaleza y el heroísmo silencioso de un hombre que lucha por la justicia. 'Matar a un ruiseñor', audaz en la creación de una voz ingenua pero perspicaz, tan ocurrente como insolente, es también la novela de la formación de una niña tempera-mental y muy singular, movida por la aspiración de ser mejor y comprender a los otros. Los alegatos de Atticus ante el juez y el jurado, su valor, su aplomo, impregnan el libro, pero la corriente que sacude en todo momento a los lectores la conduce Scout, la chiquilla vestida de cualquier manera, sin coquetería, a la que le gusta leer, saber, escuchar.
En los años de entreguerras, un transatlántico, el Virginian, recorría las rutas entre Europa y América, con su carga de millonarios, de turistas, de emigrantes. En el Virginian tocaba cada noche un pianista extraordinario, llamado Novecento, con una técnica maravillosa, capaz de arrancar notas mágicas, inauditas. Se hablaba de su inusitado duelo pianístico nada menos que con Jelly Roll Morton, el inventor del jazz. Se decía que el melancólico pianista había nacido en el barco, del que jamás habría descendido. Se decía que nadie sabía la razón. Un monólogo teatral, recientemente llevado al cine por Giuseppe Tornatore con el título La leyenda del pianista en el océano, del que Alessandro Baricco ha afirmado: «Más que un texto teatral, lo considero una novela corta o un relato largo, surgido tras la estela de Océano mar, como si en esta novela no hubiera podido contar todas las historias que quería.»
“Siempre es importante tener la posibilidad de leer este tipo de cosas, para ir descubriendo por dónde va tu camino… ¡Es fundamental! Y más cuando sos joven y te estás formando. En este caso, se trata de un libro con reflexiones y con historias reales de amigos, que el solo hecho de conocerlas, te llenan de verdad. Tuve la oportunidad de leer “al Gordo” y en algunos episodios, como en la anécdota del diariero se me puso la piel de gallina… …Este libro te va ayudar a eso: a formar tu opinión, dándote nuevas ideas. Y seguro, te vas a dar cuenta de que, con pequeñas cosas, podés ayudar mucho a los demás… ¡un detalle que no tenemos que perder de vista!...” Diego Forlán Esta edición actualizada y ampliada de Entre amigos le permitió a Juan Andrés Verde, “El Gordo Verde”, como lo conocemos todos, explorar nuevamente en aquellas historias que lo inspiraron, y sumar otras que han ido construyendo su camino como joven sacerdote y hombre de mundo. Es un libro para atesorar, porque el concepto de Humanidad toma cuerpo en estas historias de hombres y mujeres comunes que, con su recorrido cotidiano, nos dejan enseñanzas vitales para construir un mundo terrenal y espiritual mucho mejor.