Este libro es una magnífica monografía, consagrada como obra clásica, sobre la filosofía presocrática; en particular, sobre la historia de la idea filosófica de Dios o lo divino en los presocráticos. Es considerada una lectura de obligada consulta y referencia para cualquier estudioso de la filosofía presocrática y, en general, para los helenistas y personas interesadas en el pensamiento griego, así como para los estudiosos e investigadores de la historia del pensamiento teológico. Es una obra de valor universitario, escrita por un gran universitario, que plantea una interpretación interesante y novedosa de la filosofía presocrática. Werner Jaeger, el genial autor de Paideia, consumó una tarea analítica de alcance y rigor trascendentales con este ensayo, cuya consagración como obra clásica ha venido determinada por su esclarecedor punto de partida para conocer los orígenes de la filosofía griega. Frente a los investigadores de la escuela positivista y a los adversarios de esta escuela, unos y otros alejados diametralmente en sus criterios sobre la esencia del pensamiento cosmológico de Grecia, destaca el hecho de que las revolucionarias ideas desarrolladas por los primeros pensadores griegos acerca de la naturaleza del universo tuvieron un efecto directo sobre su manera de concebir lo que llamaron, en un sentido nuevo, Dios o lo divino. El estudio de este efecto conforma la investigación que aborda Jaeger, y su desarrollo a través de la edad heroica del pensamiento heleno hasta la aparición de los sofistas. La teología de los primeros filósofos griegos no pretende, pues, ofrecer una historia completa de aquel primer periodo, sino parcelarlo a fin de analizar sus aspectos decisivos.
Sin lugar a dudas, un estudio sobre los territorios no puede ser inocente. Los territorios están asociados a la propiedad privada y la constitución de los Estados, a la defensa y la agresión (masculina) en las fronteras, la regulación de la población y el control de los recursos (incluidas las hembras). Sin embargo, para la filósofa de la ciencia Vinciane Despret (1959), no se trata de convertir a las aves en modelos de moralidad o justicia para los humanos, ni de denunciar que la ciencia proyecta sus prejuicios ideológicos. Se trata de rastrear los intersticios que abrieron, en esos hábitos de pensamiento empobrecidos, los ornitólogos y las ornitólogas que supieron cultivar otros modos de atención, aliados y aliadas a la exuberancia, la riqueza, y la variabilidad que despliegan los pájaros, incluso entre grupos de la misma especie, incluso entre los individuos de los mismos grupos. Para abrir la imaginación a otras territorialidades y territorializaciones, para que emerjan territorios sonoros y concertados, que son materia de expresión y efecto artístico, dispositivos de entusiasmo, activadores de potencias, que son modos de organizar las vecindades.
Instigado, según sus propias palabras, por su amigo y psiquiatra Mony Elkaïm, Félix Guattari asume a principios de la década de 1980 el desafío de comenzar una serie de encuentros con la intención de “ir más allá de la perspectiva crítica” que había revolucionado la filosofía, el psicoanálisis y el pensamiento político, para presentar esta vez su teoría de los agenciamientos como un conjunto de puntos de referencia orientados a las prácticas de intervención. De los encuentros participan figuras relevantes provenientes de diversos campos de actividad, como Jean-Claude Polack, Éric Alliez, Raymond Bellour, Danielle Sivadon, Philippe Adrien, Isabelle Stengers, Enzo Cormann, Gilles Châtelet y Michel Rostain, entre otros. Guattari confiesa que le parece un milagro, en el contexto de lo que él mismo llamó “los años de invierno”, que todavía haya “una banda de amigos para discutir”. La exposición teórica de los componentes de los agenciamientos, y de su diferencia con los supuestos energéticos y representativos de la teoría freudiana, delimitan las preguntas y los focos de atención del esquizoanálisis, y se articulan con la discusión de casos clínicos, ejemplos, referencias históricas, películas, en esta búsqueda por “definir instrumentos conceptuales para captar resortes inconscientes que, en el análisis clásico, son excluidos, olvidados, o negados”.
Friedrich Nietzsche (1844-1900), es uno de los filósofos alemanes más influyentes y leídos. Poeta por temperamento, sus obras están impregnadas de un apasionado y vibrante lirismo. Sostuvo firmemente que la moral es un instinto de degeneración, ya que todos los códigos morales cohartan la naturaleza y ahogan los impulsos vitales. Su obra más famosa es Así hablaba Zaratustra, escrito en estilo parabólico, donde describe las aventuras y desventuras de un filósofo tan bucólico y desventurado como él mismo, una especie de su alma más íntima.
Episodios desconcertantes de la vida contemporánea como la viralización de teorías conspirativas, la polarización cada vez más marcada de la opinión pública o el ascenso de figuras políticas que se alimentan del humor de las redes sociales tienen para Éric Sadin una raíz común. Para comprender estas circunstancias en su conjunto no alcanza con señalar como su principal causa la precariedad a la que nos arroja el actual sistema económico, ni simplemente condenar los hechos en base a un moralismo autocomplaciente. Más bien hay que interpretarlos como manifestaciones de una nueva condición del sujeto contemporáneo que, si bien se hizo carne en la última década, se remonta a más de dos siglos atrás, y tiene en el individualismo su ethos predominante. Uno de los críticos más agudos de la mutación tecnológica en curso asume en este libro un prisma diferente al de sus anteriores trabajos para hacer foco en el impacto sobre la psicología individual y colectiva. A fin de penetrar mejor en la disposición espiritual de nuestra época, Sadin traza una genealogía que comienza con el proyecto emancipador del individualismo liberal en la figura de autores como John Locke o Alexis de Tocqueville, pasando luego por el mito del self-made man propio de la cultura neoliberal y el narcisismo de masas de las sociedades de consumo para terminar con el aporte definitivo de la industria de lo digital a partir de un análisis exhaustivo de plataformas como Facebook, Twitter e Instagram. Este complejo proceso desemboca en lo que el autor diagnostica como la era del individuo tirano: el advenimiento de una condición civilizatoria inédita caracterizada por la abolición progresiva de todo cimiento común para dejar lugar a un mundo en el que el yo representa la fuente primera y en general definitiva de verdad.
En este texto, el más breve de su obra filosófica, Cicerón analiza las afirmaciones del estoicismo que resultan «paradójicas»: «Únicamente lo honrado es bueno», «Basta ser virtuoso para conseguir la felicidad», «Las buenas obras son tan buenas como malas las malas», y «Todos los necios están locos, así como solo los sabios son ricos y libres». Valiéndose de sus dotes como orador, el autor desarrolla cada paradoja de forma clara y estructurada. Adornando su exposición con ejemplos y cierto humor, pretende acercar su mensaje a todos los lectores y que reflexionemos sobre el valor del bien y la virtud. Como sostenía Voltaire, no se ha escrito «nada más sabio, ni más verdadero, ni más útil» después de este tratado.
Dedicado a Nerón a comienzos de su reinado, este tratado constituye una loa a su personalidad, pero también una muestra del camino ideal para el buen gobernante, aquel que pudo seguir el emperador cuando todavía admitía consejo. Sobre la clemencia nos habla del valor y el ejercicio de la virtud, pero sobre todo es uno de los primeros y más preciados «espejos de príncipes» de nuestra literatura. «La clemencia logra que exista una gran diferencia entre el rey y el tirano. Aunque ambos se protejan igualmente con las armas, el uno las utiliza para proteger la paz, el otro para reprimir los grandes odios con grandes temores».
¿Es posible encontrar en el Occidente moderno autores que, sin adscripción religiosa, muestren un sendero hacia la Verdad, genuinamente liberador? Siguiendo al gran filósofo Baruch Spinoza, Nacho Bañeras sostiene que la única libertad que tenemos disponible es tomar distancia de aquello que creemos ser, una entelequia a lo que nos aferramos por ignorancia, miedo y hábito. Desvelado este constructo, podemos acceder a la experiencia de Unidad que nos caracteriza, cuya vibración es la Alegría (estar en el entusiasmo, en-theos). Para ello, Spinoza ofrece la vía corporal, el autoconocimiento, la lógica, la vida virtuosa y la contemplativa, todas ellas conectadas entre sí, como la propia Vida de la que son manifestación.
Platón (427-347 a.C.) es uno de los filósofos griegos más famosos de la historia. A través de sus "Diálogos" pone de manifiesto sus pensamientos y creencias sobre un amplio abanico de temas, desde la retórica y su relación con la práctica moral en "Gorgias o sobre la retórica"; pasando por la inmortalidad del alma y aspectos más metafísicos de "Fedón", ambientado en las últimas horas de la vida de Sócrates; tocando también el tema del amor y su naturaleza, como hace en "El Banquete", probablemente el diálogo más literario de todos; o expandiendo, en el "Fedro", estas últimas ideas sobre el amor buscando perspectivas de la naturaleza humana, la muerte, la belleza o el alma; hasta la utopía presentada en La República, quizá el más famoso de todos, cuyo tema central se basa en la justicia, entendida como “aquello que le corresponde hacer” a cada persona dependiendo de su constitución natural y sobre las bases de un Estado ideal. Una serie de textos que, a pesar de su antigüedad, siguen vigentes y continúan haciéndonos pensar. Las obras incluidas en este volumen son: "La República" y los "Diálogos": "Gorgias, o sobre la retórica"; "Fedón, o del alma"; "El Banquete, o del amor"; y "Fedro, o de la belleza".
Friedrich Nietzsche (1844-1900) es conocido como uno de los filósofos más relevantes y que ha ejercido mayor influencia en la filosofía contemporánea. Su obra es reconocida por su aguda e intransigente crítica hacia la moral, la religión y la cultura alemana, y también, hacia la ligereza política y social vinculadas a la avasallante modernidad europea. "La Gaya Ciencia" fue publicada en 1882. La obra se dedica a exaltar la ciencia, el escepticismo y la disciplina intelectual para alcanzar la libertad mental. También, y haciendo honor a su título, se adentra en la poética de vivir y en la dicha de la existencia, a través del lenguaje denso y metafórico que caracterizó la mayoría de su obra.
Friedrich Nietzsche (1844-1900) es conocido como uno de los filósofos más relevantes y que ha ejercido mayor influencia en la filosofía contemporánea. Su obra es reconocida por su aguda e intransigente crítica hacia la moral, la religión y la cultura alemana, y también, hacia la ligereza política y social vinculadas a la avasallante modernidad europea. Publicado en 1887, "La genealogía de la moral" expande las ideas y postulaciones de Nietzsche presentadas en "Más allá del bien y el mal". En esta obra, el autor, traza las evoluciones de los conceptos morales en contraposición con los prejuicios morales judeocristianos. Es considerada por muchos críticos y filósofos como una de las obras más importantes de Nietzsche.
Aurora nos habla de un nuevo día, de una nueva era, y esta no es otra que la filosofía de la modernidad que Nietzsche inaugura en los aforismos que pueblan sus páginas. En los 575 fragmentos que componen Aurora, íntimos, serenos y luminosos como un amanecer, Nietzsche emprende su campaña de trastocamiento e inversión de todos los valores, que proseguirá en obras ulteriores como Más allá del bien y del mal, La genealogía de la moral, El ocaso de los ídolos y El Anticristo. Como señala Ovejero en su introducción, este trascendental ensayo fue considerado por su autor como un libro definitivo, en el cual no podía pensar sin gran emoción. Con él daba principio a su campaña contra la moral. Sin embargo, no había querido impregnarle del olor de la pólvora. Lo consideraba, en cambio, como lleno de aromas marinos y poseídos de la suave emoción de un amanecer. Hace resaltar su carácter positivo afirmativo. Llama la atención sobre lo que tiene de luminoso, de amante, de tierno, de liberador de todo lo que hasta entonces había estado aherrojado, proscrito, infamado
Ya nada es evidente en relación al arte, como señaló Theodor Adorno. Antes todo parecía más intuitivo, pero tras las distintas revoluciones artísticas herederas de las vanguardias nada parece serlo. ¿Por qué esta sensación de extrañeza? ¿Por qué esta distancia entre nosotros y las obras de arte? La revolución digital ha aumentado este abismo: ¿qué sentido tiene ir al museo cuando podemos ver los cuadros por el ordenador? ¿Podrá una inteligencia artificial crear arte? ¿Cómo afecta nuestra continua exposición a pantallas y estímulos a nuestra experiencia estética actual? Este libro es una respuesta coral a estas preguntas. Una respuesta que abarca diferentes formatos, desde el ensayo hasta la ilustración, pasando por el poema o el relato. No hace únicamente un análisis sobre el estado actual del arte, sino que crea también un espacio en el que los distintos formatos dialoguen entre sí.
En este ensayo, Thomas Bauer reconsidera el Islam clásico y moderno al rastrear diferentes actitudes hacia la ambigüedad. A lo largo de muchos siglos, explora la tensión entre una corriente que aspira a aniquilar todas las incertidumbres y establecer verdades absolutas e incontestables y otra tendencia en competencia que busca formas de vivir con la ambigüedad y aceptar la complejidad. Bauer abarca ambigüedades culturales y lingüísticas, considerando formas textuales y culturales islámicas premodernas desde la ley hasta la exégesis coránica y los géneros literarios junto con las actitudes hacia las minorías religiosas y los extranjeros. Enfatiza la relativa ausencia de conflicto entre los discursos religiosos y seculares en la cultura islámica clásica, lo que contrasta notablemente tanto con el fundamentalismo actual como con gran parte de la historia europea. Bauer muestra cómo el encuentro del Islam con el Occidente moderno y su demanda de certeza ayudó a generar ideologías islámicas y liberales seculares que, a su manera, rechazaron la ambigüedad y, por lo tanto, también sus propias tradiciones culturales.
Una poderosa idea recorre y unifica la extensa obra conservada de Lucio Anneo Séneca,que abarca más de dos mil páginas: ¿cómo vivir una vida buena? Entre los tratados que dedicó al arte de vivir el sabio estoico reflexiona sobre la providencia, la constancia del sabio, la ira, la clemencia, la vida bienaventurada, la pobreza, el ocio, la tranquilidad de ánimo, la brevedad de la vida... siempre con un mismo hilo conductor: la vida buena, la vida cumplida y realizada, es la que se asienta sobre la razón iluminada por la verdad. Nada hay que temer más que a uno mismo, a la incapacidad de la vida sin temor. El hombre bueno es el hombre sabio, que se curte sufriendo lo que para otros sería un mal, vence las adversidades y, venciéndolas, se perfecciona.
Arthur Schopenhauer parte de la convicción pesimista de que la existencia de los seres humanos oscila entre el dolor y el aburrimiento. En las cincuenta reglas que el filósofo alemán escribió en diversos momentos de su vida, nos invita a usar el ingenio humano y la prudencia práctica para conseguir la felicidad; consideraba que es esencial enseñar a vivir. Schopenhauer se vale del ingenio humano y la prudencia práctica para encontrar reglas de conducta y de vida que nos ayuden a evitar las penurias y golpes del destino, con la esperanza de que, si bien la felicidad absoluta es inalcanzable, podamos llegar a esa felicidad relativa que consiste en la ausencia de dolor. Elena Ferrándiz ha realizado una excepcional lectura gráfica de este libro imprescindible para aprender a vivir la vida.
Los Diálogos de Platón, son un inagotable homenaje a la figura de su maestro Sócrates; el joven Platón uno de aquellos brillantes muchachos ganado por el «polemo» dialéctico que asistió sin duda alguna al proceso de su admirado maestro, víctima de unos manejos democráticos que le condenaron. La injusticia cometida con Sócrates es sin duda el argumento decisivo para santificar su odio a la plebe. Lo cierto es, que el joven Platón ante tales hechos, jamás sería un demócrata de convicción, toda su energía la consumió en su proyecto melancólico de la fundación de una «ciudad ideal», una república regida por la diké y la armonía cósmica de las almas y las leyes.
La República es la obra más conocida de Platón y es uno de los diálogos más importantes en donde expresa su concepción del arte, lo político, la sociedad, la justicia, la inmortalidad, la virtud, el bien y el mal. Se trata de un diálogo entre Sócrates y otros personajes. El propósito de Platón es el estudio de lo justo y de lo injusto, y la demostración de la necesidad moral, tanto para el Estado como para el individuo, de regir toda su conducta según la justicia; esto es, según la virtud, o precisamente más, según la idea del bien, principio de buen orden para las sociedades y para las almas. La obra está compuesta por diez libros.
Así habló Zaratustra, de Friedrich Nietzsche, no solo está considerado como el libro más representativo de este genial pensador, sino también como una de las obras de mayor calidad literaria en lengua alemana de todos los tiempos. Nietzsche puso en boca del legendario filósofo persa Zaratustra la quintaesencia de su mensaje: el superhombre, la muerte de Dios, la voluntad de poder y el eterno retorno de lo idéntico.
Los sofistas pasaron a la historia de la filosofía poco más que como unos saltimbanquis intelectuales desde que Platón condenara sus actividades. Sin embargo, en este libro, Kerferd desafía las creencias generales y los presenta como miembros de un movimiento fundamental de pensadores del siglo v a. C. en Atenas, en una época donde se produjeron profundos cambios sociales y políticos, y en los que hubo una intensa actividad artística e intelectual. En el centro de la enseñanza de los sofistas se yergue una suerte de relativismo, expresado muy acertadamente por Protágoras al decir que «el hombre es la medida de todas las cosas», lo cual aplicaron a una amplia gama de temas como el conocimiento, la argumentación, la virtud, el Estado, la sociedad y los dioses. Su aporte fue sustancial y serio, inauguraron el debate en torno a cuestiones filosóficas fundamentales y viraron de manera decisiva el foco de la atención filosófica del cosmos al hombre. La participación del movimiento sofístico fue crucial en la disolución de patrones establecidos en favor de otros nuevos y en cuestionar las creencias y los valores de generaciones anteriores.