Desde que empezaron publicarse, las obras de Ayn Rand han tenido un notable impacto en la escena intelectual, política y social. Sus ideas se han discutido con pasión y defendido con ahínco durante más de medio siglo. En el universo randiano el tema subyacente siempre es la filosofía, con una nueva moralidad que aborda el individualismo, la libertad, y el rechazo a la vocación totalitaria de los estados y a los instintos tiránicos de aquellos que quieren imponernos soluciones colectivistas. Un desafío que todavía hoy sigue vigente y nos amenaza.
El enorme volumen de trabajos, interpretaciones y "apropiaciones" de la obra y las ideas de Walter Benjamin que se han realizado a lo largo de los últimos decenios amenazan con hacer parecer redundante cualquier nuevo intento de aproximación a él y a su obra. Sin embargo, como establecen los editores del volumen en su brillante introducción, es el propio Benjamin quien proporciona las claves para enfrentar su pensamiento con algún sentido, entre ellas «mantener a raya toda forma de optimismo reconociéndola como ilusión paralizadora». El presente volumen, que pivota sobre sus indispensables tesis «Sobre el concepto de historia», se redondea con ensayos no menos decisivos, como «Fragmento teológico político», «Capitalismo como religión», «Teorías del fascismo alemán», «Para una crítica de la violencia» y «Eduard Fuchs, coleccionista e historiador». Edición y traducción de Jordi Maiso y José Antonio Zamora
Dos figuras capitales del pensamiento contemporáneo, el filósofo Gilles Deleuze y el psicoanalista Félix Guattari, han escrito conjuntamente tres libros que han significado sendos hitos fundamentales: El Anti-Edipo (1972), Mil mesetas (1980) y, recientemente, ¿Qué es la filosofía? (1991), un libro que «condensa todo lo que los autores han querido hacer hasta ahora, tanto conjunta como separadamente», en palabras de Didier Eribon. La filosofía no es contemplación, ni reflexión, ni comunicación. Es la actividad que crea los conceptos, afirman Deleuze y Guattari. ¿Cómo se distingue de sus rivales, que pretenden proveernos de conceptos (como la mercadotecnia en la actualidad)? La filosofía tiene que decirnos cuál es la naturaleza creativa del concepto y cuáles son sus concomitantes: la mera inmanencia, el plano de inmanencia y los personajes conceptuales. Con ello, la filosofía se diferencia de la ciencia y de la lógica. Éstas no se rigen por conceptos sino por funciones, en un plano de referencia y con observadores parciales. El arte se rige por preceptos y afectos, en un plano de composición de figuras estéticas. La filosofía no es interdisciplinaria; es, en sí misma, una disciplina completa que entra en resonancia con la ciencia y con el arte, como éstos con ella: encontrar el concepto de una función, etc. Lo que sucede es que los tres planos son las tres maneras que tiene el cerebro de coincidir con el caos y de afrontarlo. Se trata de los Caiodes. El pensamiento sólo puede constituirse en esta relación en la que siempre corre el peligro de abismarse.
Un aparato es una configuración técnica del aparecer. De tal suerte, lo que aparece está, desde ya, configurado técnicamente por un aparato (appareillé). La perspectiva, el museo, la fotografía, el cine y la cura analítica podrán ser pensados como “aparatos”, pues configuran el aparecer del acontecimiento, por un lado creando nuevas condiciones de la temporalidad y por otro determinando nuevas estructuras del espacio, es decir, transformando, cada vez, la sensibilidad. Un aparato funciona como un objeto técnico según Gilbert Simondon, o sea, produciendo individuación y sociablidad. Walter Benjamin fue el primero en atisbar una teoría de los “aparatos”, al considerar que la fotografía y el cine no implicaban únicamente un cambio en los procedimientos de la representación sino que, además y por sobre todo, una revolución en las condiciones de la percepción. Jean-François Lyotard, por su parte, en su Discurso. Figura elabora la noción de “bloque de escritura”: la “superficie de inscripción”, es decir, el conjunto de configuraciones técnicas que permiten que el acontecimiento tenga lugar. Es a partir de estos y otros autores que Jean-Louis Déotte ha desarrollado una teoría que pretende repensar la política, la estética y el mundo contemporáneo desde el punto de vista de la técnica.
¿Es todavía capaz el hombre moderno de tener una experiencia o debe ya considerarse la destrucción de la experiencia como un hecho consumado? A partir de este interrogante se inicia el ensayo que le da título a este volumen y que propone una nueva manera de pensar el problema de la experiencia, abordando motivos aparentemente distantes: la soterrada solidaridad entre racionalismo e irracionalismo en nuestra cultura y el deslizamiento por el cual la fantasía pasó de la esfera del conocimiento al plano de la irrealidad; la escisión entre deseo y necesidad y la aparición del concepto de inconsciente; el rechazo de las razones de la experiencia por parte de los movimientos juveniles y el desplazamiento de la aventura desde lo cotidiano hacia lo extraordinario; el surgimiento del Yo y la reivindicación de lo inefable en la poesía moderna. Finalmente, todos estos motivos convergen en una teoría de la infancia donde encuentran una nueva formulación algunos de los temas cruciales del pensamiento contemporáneo, como la oposición antropológica entre naturaleza y cultura, y la distinción lingüística entre lengua y habla. Desde esta perspectiva, el hombre ya no se muestra, según la tradición metafísica, como el «animal que posee el lenguaje», sino como el animal que está privado de él y que por lo tanto debe recibirlo desde el exterior. En torno a este núcleo central giran otros cinco ensayos ligados por una misma preocupación crítica: el análisis del juego como paradigma para una definición de la historia en términos antropológicos; la crítica de la dialéctica y la relación entre estructura y superestructura en la correspondencia de Benjamín con Adorno; la concepción del tiempo en la cultura occidental; las relaciones entre la fábula y la historia; y por último, un programa ideal para una revista que esboza un inventario de las tareas culturales para las próximas generaciones.
Jiddu Krishnamurti nos invita en este libro a hallar paz y vivir en armonía en esta sociedad confusa y violenta, en este mundo que no parece tener sentido. K asegura que el individuo puede ser feliz en todo momento, sin importar las circunstancias o contextos en los que se encuentre. Y puede serlo porque la auténtica felicidad no depende de la seguridad material o del cumplimiento de determinados dogmas y rituales, sino que consiste en una dimensión propia del amor. Si uno comprende realmente el amor y la belleza que habita en nuestro interior y en los demás, entonces surgirá la paz. Una dicha espontánea que no es el resultado de ningún esfuerzo por conseguirla.
¿De qué modo la revolución digital, internet y las redes sociales han transformado la sociedad y las relaciones? Han analiza las diferencias entre la «masa clásica» y la nueva masa, a la que llama el «enjambre digital». Byung-Chul Han, en este nuevo ensayo, analiza de qué modo la revolución digital, internet y las redes sociales ha transformado la esencia misma de la sociedad. Según el autor, se ha formado una nueva masa: el «enjambre digital». A diferencia de la masa clásica, el enjambre digital consta de individuos aislados, carece de alma, de un nosotros capaz de una acción común, de andar en una dirección o de manifestarse en una voz. La hipercomunicación digital destruye el silencio que necesita el alma para reflexionar y para ser ella misma. Se percibe solo ruido, sin sentido, sin coherencia. Todo ello impide la formación de un contrapoder que pudiera cuestionar el orden establecido, que adquiere así rasgos totalitarios. Empresas como Facebook y Google trabajan como servicios secretos que vigilan nuestros intereses para extraer beneficio de nuestros comportamientos en internet y las redes sociales.
En este perspicaz ensayo, Byung-Chul Han analiza y relata, tomando como referencia a Kant, Hegel, Nietzsche, Heidegger, Luhmann o Rauschenberg, las numerosas formas de entretenimiento surgidas a lo largo de la historia de la Pasión cristiana.
Ningún otro lema domina hoy el discurso público tanto como la transparencia. Según Han, quien la refiere solamente a la corrupción y a la libertad de información, desconoce su envergadura. Esta se manifiesta cuando ha desaparecido la confianza y la sociedad apuesta por la vigilancia y el control. Se trata de una coacción sistémica, de un imperativo económico, no moral o biopolítico. Las cosas se hacen transparentes cuando se expresan en la dimensión del precio y se despojan de su singularidad. La sociedad de la transparencia es un infierno de lo igual. Google y las redes sociales, que se presentan como espacios de libertad, se han convertido en un gran panóptico, el centro penitenciario imaginado por Bentham en el siglo XVIII, donde el vigilante puede observar ocultamente a todos los prisioneros. El cliente transparente es el nuevo morador de este panóptico digital, donde no existe ninguna comunidad sino acumulaciones de Egos incapaces de una acción común, política, de un nosotros. Los consumidores ya no constituyen ningún fuera que cuestionara el interior sistémico. La vigilancia no se realiza como ataque a la libertad. Más bien, cada uno se entrega voluntariamente, desnudándose y exponiéndose, a la mirada panóptica. El morador del panóptico digital es víctima y actor a la vez.
Con veintidós años Charles Darwin se embarcó como naturalista sin paga en el navío de reconocimiento HMS Beagle para emprender una expedición científica alrededor del mundo. Fruto de esta experiencia fue tanto su Diario del viaje del Beagle como su obra capital El origen de las especies, para muchos el libro científico más influyente jamás escrito, donde explicaba la evolución de todas las formas de vida ancestrales que habían poblado la Tierra a lo largo de los tiempos. La nueva teoría científica defendía que las poblaciones evolucionan durante el transcurso de las generaciones mediante un proceso conocido como selección natural, o de la supervivencia de los más aptos, y presentaba pruebas de que la diversidad de la vida surgió de la descendencia común a través de un patrón ramificado de evolución. Esta revolución de Darwin vino a completar la de Copérnico y Newton: el ser humano sabía ya que el universo obedece a leyes inmanentes que determinan todo cuanto sucede en la naturaleza. Sin embargo, esta revolución científica había dejado fuera de su alcance el origen de los seres vivos, cuyas maravillosas adaptaciones parecían ser el cumplimiento de una finalidad preestablecida: el ojo, exquisitamente diseñado para la función de ver, la mano, para sujetar objetos, o los riñones, para regular la composición de la sangre... Pero la selección natural, convertida en ley, pasaba a ocupar un espacio que hasta entonces se había reservado exclusivamente a Dios.
Esta antología no es una teoría de la invectiva ni un método para la practica del insulto, sino una muestra del ejercicio de lo que podríamos llamar «arte de insultar
En diciembre del año 2019 se reportó en Wuhan, China, la existencia de una neumonía con causas desconocidas. Algunos meses después el mundo se encontró lidiando con lo que resultó ser una pandemia por un nuevo coronavirus. En general, los países optaron por estrategias restrictivas y de confinamiento para evitar su rápida propagación y el colapso de los sistemas sanitarios. Así, el covid-19 se instaló en el centro de nuestra vida, modificando nuestros modos de relacionarnos, de evaluar a la autoridad y sus atribuciones, cambiando prioridades y expectativas, capacidades económicas, modos de trabajar, de divertirnos, amar, producir, comunicarnos, aprender y enseñar, movilizarnos y ocupar el espacio, consumir, quizás incluso soñar, en definitiva, de vivir.
Las Lecciones sobre la voluntad de saber constituyen la transcripción del primer año de los cursos dictados por Michel Foucault en el Collège de France. En este curso analiza de qué modo se inserta en el discurso penal de la Francia del siglo XIX un discurso de pretensión científica -la medicina, la psiquiatría, la psicopatología, la sociología-. A se inicia una investigación que durará años acerca del papel de las formas jurídicas en la constitución del decir veraz, y se descubre la profunda unidad del proyecto de Foucault.
A pesar de su carácter de bosquejo, el curso de Marburgo del semestre de verano de 1926 puede considerarse un intento de Heidegger, en la fase de concepción de Ser y Tiempo, por recorrer filosóficamente la historia de la filosofía griega hasta Aristóteles. Repite el comienzo decisivo de la filosofía occidental como el proceso de descubrimiento del ser a partir del ente que se configura de modo cada vez más rico y diferenciado, porque solo así la filosofía actual podría llegar a apropiarse de un modo satisfactorio de las posibilidades contenidas en su preguntar. En la Primera Sección, el curso aborda el trata-miento que hace Aristóteles en el primer libro de la Metáfisica de la filosofía griega que le precede. La Segunda Sección del curso, que comienza con Tales y se ocupa de los pensadores y las corrientes de pensamiento significativos, trata estadios importantes de la filosofía griega. Heidegger ve un movimiento ascendente de autodespliegue del pensamiento del ser hasta su apogeo en la filosofía aristotélica. Este curso constituye una prueba de que el modo heideggeriano de formular y desarrollar el pensamiento del ser corresponde a una parte esencial de su ocupación con la historia, las formas del pensamiento y los conceptos fundamentales de la filosofía griega.
Esta obra debía ser entregada a Jacques Derrida para su cumpleaños número 75. Arrancado a la vida un año antes, no llegó a conocerlo. Los autores, de renombre internacional, que aportan aquí el testimonio de la fecundidad del pensamiento de Derrida en sus campos de trabajo respectivos, frecuentaron todos, tanto al autor como a la obra. Derrida ha significado para ellos una línea de vida que los mantiene a distancia de los dogmatismos y les abre un porvenir para el pensamiento, la escritura, la vida. Lejos de ser negativa, como a menudo se finge creerlo, la práctica de la deconstrucción, a la que está unido el nombre de Derrida, elige, contrariamente a todo pensamiento que quiera volver razonable a la locura, correr el riesgo y la chance de enloquecer la razón: para ver dibujarse otro horizonte de la justicia, del don, de la democracia, y una revolución en el pensamiento mismo de la revolución.
El término «violencia», en su sentido más elemental, refiere al daño ejercido sobre las personas por parte de otros seres humanos. Los experimentos totalitarios del siglo XX ampliaron este uso de la violencia a una escala y una intensidad inéditas en la historia de la humanidad, y es en este contexto donde cabe encuadrar esta obra perenne de Hannah Arendt. Para la filosofía política, la violencia objeto de su estudio tiene dos caras: la violencia organizada del Estado o aquella que irrumpe frente al mismo. Esto ha hecho que muchos pensasen que la violencia es sobre todo una forma de ejercicio del poder. La posición de partida de la autora en "Sobre la violencia" consiste en el estudio minucioso de la violencia política en sus encarnaciones extremas dentro del mundo contemporáneo y en su cuidadosa separación entre violencia y poder político; este último es el resultado de la acción cooperativa, mientras que la violencia del siglo XX está ligada al alcance magnificador de la destrucción que proporciona la tecnología.
La figura de Séneca (c. 4 a. C. – 65 d.C.) tiene dos caras diferenciadas: la de su vida pública, por un lado, y la de su filosofía y su producción literaria, por otro. Fue un hombre prominente bajo los gobiernos de Calígula, Claudio y, sobre todo, Nerón, y sus decisiones políticas a veces se alejaban de lo que inculcaba en sus escritos filosóficos y morales, inscritos en el estoicismo tardío. La fortuna ha sido benébola con su obra, de la cual han pervivido numerosos textos, entre los que se cuentan sus once tratados morales, grupo al que pertenecen Sobre la vida feliz y Sobre la brevedad de la vida. Sobre la vida feliz es un diálogo acerca de la felicidad a lo que todos aspiramos, pero a la que Séneca nos conduce a través de la virtud, no del placer. Solo esta es la causa de la felicidad, el bien único. Sobre la brevedad de la vida, en cambio, es un texto a modo de lamento: no es que la vida sea corta sino que así nos lo parece cuando malgastamos el tiempo. El verdadero sabio disfruta del presente, recuerda el pasado y previene el futuro sin perderse en tediosos placeres ni temer a la muerte. "Séneca es una figura que necesita descrifrarse. Es clara, está perfectamente acabada y realizada, más tiene misterio. Tiene misterio, además, a causa de su seducción".María Zambrano.
La figura de un gigante como Aristóteles (384 a. C. - 322 a. C.) es insoslayable en el pensamiento occidental, tanto en su vertiente filosófica como científica. Ha sido un referente a lo largo de los siglos en un sorprendente número de campos del saber: política, ética, lógica, retórica, biología, meteorología, etc., y en más de un caso fue él quien sentó las bases para el desarrollo de estas disciplinas. Su obra es abundante (entre 139 y 192 tratados) y casi inabarcable en cuanto a contenido. La pregunta no es si el alma existe o no, sino «a qué género pertenece y qué es el alma». A partir de aquí, Aristóteles desarrolla, a lo largo de los tres libros que componen la obra, una teoría nueva y vigorosa acerca del alma alejada de las especulaciones anteriores, aunque no exenta de ambigu¨edades internas.
Salvador encara esta obra con inquieta curiosidad, claros fundamentos y gran valentía en las preguntas que guían al lector por situaciones y desafíos de estos tiempos, que además son propias de un filósofo contemporáneo. En una época de tantas afirmaciones y máximas no solicitadas, de abundancia de información y escasa reflexión, en la que la tecnología nos hace tanto más libres como más condicionados, este libro nos hace pensar, reflexionar y cuestionar. Interrogantes que son llaves a laberintos, reflexiones como pistas y quien lee, artífice de las conclusiones.