Los dos conceptos que forman el umbral de la estructura del derecho son la causa y la culpa, aunque no son conceptos jurídicos en sentido estricto, sino que en realidad señalan el punto en el que un determinado acto o hecho entra en la esfera del derecho. Esto es más evidente aún en el concepto de culpa.En las fuentes justinianas, la culpa tiene en principio el significado genérico de imputabilidad e indica que un determinado hecho se remite a la esfera jurídica de una persona que tiene que soportar sus consecuencias. A diferencia del dolo, de la intención fraudulenta, la culpa designa una negligencia en el ejercicio de un comportamiento debido, que puede ser, según los casos, amplio o leve. Cuando la culpa pasa el umbral de lo jurídico indica que cierto comportamiento se vuelve imputable a un sujeto, que se constituye como «culpable».Se trata de un umbral funesto, porque nos lleva a una región donde nuestras acciones y nuestros gestos pierden la inocencia y se someten a una potencia extraña: la «pena». La humanidad todavía debe resolver el enigma de cómo pudo ocurrir esto, cómo pudo una mente humana concebir la idea de que sus acciones podían hacerla culpable: una autoacusación, que parece tan trivial y obvia.
Reseña: El derecho es lo opuesto a la violencia: nace para detener el ejercicio de la venganza en un mundo sin ley. A la vez, el derecho es en sí mismo violencia: sus fallos la ejercen necesariamente sobre los condenados. Ambas afirmaciones son verdaderas, dice el autor de este libro, y en esa contradicción descansa un desafío filosófico con consecuencias prácticas centrales en el ámbito jurídico. Christoph Menke -académico y profesor formado en filosofía, estética y literatura, una de las figuras europeas contemporáneas más interesantes de la teoría crítica- acepta el reto y en estas páginas hace transparente y comprensible esta paradoja. A demuestra cómo, aunque el derecho se ha convertido en una fuerza que manda desde dentro de los propios sujetos que la obedecen, la violencia nunca desaparece realmente de su acción. En ese sentido, afirma, la capacidad autorreflexiva del derecho es un camino para hacer visible (y moderar) esa violencia inevitable. Este libro, que sin dudas encontrará su lugar en las bibliotecas de lectores y lectoras del ámbito jurídico, de la filosofía y del análisis literario, es una invitación al pensamiento crítico y alternativo sobre el derecho, especialmente necesario en tiempos en que la legitimidad de la ley se pone con frecuencia en entredicho.
Este libro se autodestruirá en diez años. El mundo que conocemos se transforma vertiginosamente gracias a los avances tecnológicos. El sistema educativo tradicional va a la zaga de los profundos cambios culturales y sociales que vinieron de la mano de las pantallas. Sin embargo, aunque de maneras dispares y a veces invisibles, los algoritmos ya están en la escuela. ¿Qué tanto y cómo hay que cambiar los sistemas educativos en un mundo en que (casi todos) los jóvenes tienen un celular en sus manos? ¿Qué nuevos desafíos y oportunidades nos presentan las tecnologías digitales si queremos garantizar la justicia educativa y encender la llama del aprendizaje en las nuevas generaciones? Y, sobre todo, ¿cuál será el rol de los estados, del sector privado y de los educadores en este futuro que ya llegó? Axel Rivas, referente global en política e innovación educativa, parte de una rigurosa mirada sobre los sistemas educativos de América Latina y ofrece un diagnóstico claro de las posibilidades efectivas que ofrecen las nuevas tecnologías digitales. En este perdido el tiempo y ya ofrece sistemas de gestión del aprendizaje, tutorías digitales y gamificación con la lógica adictiva de los videojuegos. En este contexto, el Estado no puede estar ausente en la discusión y debe garantizar la justicia educativa. Por ejemplo, a través de una Plataforma Educativa Pública con proyectos y clases para los docentes, y actividades que conviertan los contenidos curriculares en situaciones de indagación. Dirigido a educadores y políticos, este libro propone un sistema educativo que enseñe a pensar críticamente, que produzca en los alumnos la voluntad y el deseo de aprender, y que genere compromiso social y ciudadanía democrática.
Dice Racine en el prólogo a Berenice que «la regla principal es gustar y emocionar: todas las demás solo están hechas para alcanzar esta primera». Gustar, emocionar: es decir, seducir. En este libro Gilles Lipovetsky aborda el asunto desde dos ángulos. En primer lugar, la seducción erótica, desde los mecanismos de cortejo en las sociedades primitivas hasta los portales de internet para encontrar pareja o ligues. Pero hay un segundo campo más amplio; en nuestra sociedad actual, las técnicas de la seducción también se aplican en otros dominios: la economía, la política, la educación, los medios de comunicación… Entramos en lo que el autor califica de donjuanismo consumista. El imperativo ya no parece ser obligar, ordenar, disciplinar y reprimir, sino gustar y emocionar mediante la seducción. La seducción que nos envuelve provoca la emergencia de una individualización hipertrofiada en relación con el otro, genera un modo de intervenir sobre el comportamiento de los individuos y de gobernarlos en las sociedades democráticas liberales. Este ensayo aborda con precisión y en profundidad esos mecanismos y cómo afectan a nuestras vidas.
Byung-Chul Han busca hacer explícita la filosofía que está implícita en el budismo Zen, y lo hace a través de la comparación con los filósofos más destacados de la filosofía occidental. Byung-Chul Han nos propone en este ensayo sobre el budismo zen que es posible reflexionar de modo filosófico sobre un objeto que no implica ninguna filosofía en sentido estricto. Aunque el budismo Zen se caracteriza por su actitud escéptica con el lenguaje y el pensamiento conceptual, Han propone que podemos dar vueltas lingüísticas en torno a su uso del silencio y el lenguaje enigmático. Para ello, Han recurre a la comparación como un método que saca a la luz el sentido. La filosofía del budismo Zen se alimenta de un «filosofar sobre» y «con» el budismo Zen, con el objetivo de desarrollar conceptualmente la fuerza filosófica que le es inherente. La filosofía de Platón, Leibniz, Fichte, Hegel, Schopenhauer, Nietzsche y Heidegger, entre otros, es confrontada con los puntos de vista filosóficos del budismo Zen.
Este nuevo ensayo de Byung-Chul Han es un llamamiento a la salvaguarda de las fuentes de adhesión social y de familiaridad y, al mismo tiempo, se reflexiona sobre estilos de vida alternativos que serían capaces de liberar la sociedad de su narcisismo colectivo. Los rituales, como acciones simbólicas, crean una comunidad sin comunicación, pues se asientan como significantes que, sin transmitir nada, permiten que una colectividad reconozca en ellos sus señas de identidad. Sin embargo, lo que predomina hoy es una comunicación sin comunidad, pues se ha producido una pérdida de los rituales sociales. En el mundo contemporáneo, donde la fluidez de la comunicación es un imperativo, los ritos se perciben como una obsolescencia y un estorbo prescindible. Para Byung-Chul Han, su progresiva desaparición acarrea el desgaste de la comunidad y la desorientación del individuo. En este libro, los rituales constituyen un fondo de contraste que sirve para perfilar los contornos de nuestras sociedades. Se esboza, a una genealogía de su desaparición mientras se da cuenta de las patologías del presente y, sobre todo, de la erosión que ello comporta.
Schopenhauer es uno de los grandes filósofos del siglo XIX cuya influencia fue decisiva en Nietzsche. Este ejemplo de su talento no es un libro más: hay que considerarlo un tratado definitivo sobre la materia que trata. Arte del buen vivir, como manifiesta su autor, enseña el modo de hacer la vida lo más auténtica y feliz posible, aspiración humana y anterior a cualquier especulación filosófica, pero cuyo logro resulta muy arduo para aquellos que desean prescindir de toda reflexión y guía. También publicado de este autor, en Biblioteca Edaf, El amor, las mujeres y la muerte.
Salvador encara esta obra con inquieta curiosidad, claros fundamentos y gran valentía en las preguntas que guían al lector por situaciones y desafíos de estos tiempos, que además son propias de un filósofo contemporáneo. En una época de tantas afirmaciones y máximas no solicitadas, de abundancia de información y escasa reflexión, en la que la tecnología nos hace tanto más libres como más condicionados, este libro nos hace pensar, reflexionar y cuestionar. Interrogantes que son llaves a laberintos, reflexiones como pistas y quien lee, artífice de las conclusiones.
La figura de un gigante como Aristóteles (384 a. C. - 322 a. C.) es insoslayable en el pensamiento occidental, tanto en su vertiente filosófica como científica. Ha sido un referente a lo largo de los siglos en un sorprendente número de campos del saber: política, ética, lógica, retórica, biología, meteorología, etc., y en más de un caso fue él quien sentó las bases para el desarrollo de estas disciplinas. Su obra es abundante (entre 139 y 192 tratados) y casi inabarcable en cuanto a contenido. La pregunta no es si el alma existe o no, sino «a qué género pertenece y qué es el alma». A partir de aquí, Aristóteles desarrolla, a lo largo de los tres libros que componen la obra, una teoría nueva y vigorosa acerca del alma alejada de las especulaciones anteriores, aunque no exenta de ambigu¨edades internas.
¿Es todavía capaz el hombre moderno de tener una experiencia o debe ya considerarse la destrucción de la experiencia como un hecho consumado? A partir de este interrogante se inicia el ensayo que le da título a este volumen y que propone una nueva manera de pensar el problema de la experiencia, abordando motivos aparentemente distantes: la soterrada solidaridad entre racionalismo e irracionalismo en nuestra cultura y el deslizamiento por el cual la fantasía pasó de la esfera del conocimiento al plano de la irrealidad; la escisión entre deseo y necesidad y la aparición del concepto de inconsciente; el rechazo de las razones de la experiencia por parte de los movimientos juveniles y el desplazamiento de la aventura desde lo cotidiano hacia lo extraordinario; el surgimiento del Yo y la reivindicación de lo inefable en la poesía moderna. Finalmente, todos estos motivos convergen en una teoría de la infancia donde encuentran una nueva formulación algunos de los temas cruciales del pensamiento contemporáneo, como la oposición antropológica entre naturaleza y cultura, y la distinción lingüística entre lengua y habla. Desde esta perspectiva, el hombre ya no se muestra, según la tradición metafísica, como el «animal que posee el lenguaje», sino como el animal que está privado de él y que por lo tanto debe recibirlo desde el exterior. En torno a este núcleo central giran otros cinco ensayos ligados por una misma preocupación crítica: el análisis del juego como paradigma para una definición de la historia en términos antropológicos; la crítica de la dialéctica y la relación entre estructura y superestructura en la correspondencia de Benjamín con Adorno; la concepción del tiempo en la cultura occidental; las relaciones entre la fábula y la historia; y por último, un programa ideal para una revista que esboza un inventario de las tareas culturales para las próximas generaciones.
Jiddu Krishnamurti nos invita en este libro a hallar paz y vivir en armonía en esta sociedad confusa y violenta, en este mundo que no parece tener sentido. K asegura que el individuo puede ser feliz en todo momento, sin importar las circunstancias o contextos en los que se encuentre. Y puede serlo porque la auténtica felicidad no depende de la seguridad material o del cumplimiento de determinados dogmas y rituales, sino que consiste en una dimensión propia del amor. Si uno comprende realmente el amor y la belleza que habita en nuestro interior y en los demás, entonces surgirá la paz. Una dicha espontánea que no es el resultado de ningún esfuerzo por conseguirla.
¿De qué modo la revolución digital, internet y las redes sociales han transformado la sociedad y las relaciones? Han analiza las diferencias entre la «masa clásica» y la nueva masa, a la que llama el «enjambre digital». Byung-Chul Han, en este nuevo ensayo, analiza de qué modo la revolución digital, internet y las redes sociales ha transformado la esencia misma de la sociedad. Según el autor, se ha formado una nueva masa: el «enjambre digital». A diferencia de la masa clásica, el enjambre digital consta de individuos aislados, carece de alma, de un nosotros capaz de una acción común, de andar en una dirección o de manifestarse en una voz. La hipercomunicación digital destruye el silencio que necesita el alma para reflexionar y para ser ella misma. Se percibe solo ruido, sin sentido, sin coherencia. Todo ello impide la formación de un contrapoder que pudiera cuestionar el orden establecido, que adquiere así rasgos totalitarios. Empresas como Facebook y Google trabajan como servicios secretos que vigilan nuestros intereses para extraer beneficio de nuestros comportamientos en internet y las redes sociales.
En este perspicaz ensayo, Byung-Chul Han analiza y relata, tomando como referencia a Kant, Hegel, Nietzsche, Heidegger, Luhmann o Rauschenberg, las numerosas formas de entretenimiento surgidas a lo largo de la historia de la Pasión cristiana.
Ningún otro lema domina hoy el discurso público tanto como la transparencia. Según Han, quien la refiere solamente a la corrupción y a la libertad de información, desconoce su envergadura. Esta se manifiesta cuando ha desaparecido la confianza y la sociedad apuesta por la vigilancia y el control. Se trata de una coacción sistémica, de un imperativo económico, no moral o biopolítico. Las cosas se hacen transparentes cuando se expresan en la dimensión del precio y se despojan de su singularidad. La sociedad de la transparencia es un infierno de lo igual. Google y las redes sociales, que se presentan como espacios de libertad, se han convertido en un gran panóptico, el centro penitenciario imaginado por Bentham en el siglo XVIII, donde el vigilante puede observar ocultamente a todos los prisioneros. El cliente transparente es el nuevo morador de este panóptico digital, donde no existe ninguna comunidad sino acumulaciones de Egos incapaces de una acción común, política, de un nosotros. Los consumidores ya no constituyen ningún fuera que cuestionara el interior sistémico. La vigilancia no se realiza como ataque a la libertad. Más bien, cada uno se entrega voluntariamente, desnudándose y exponiéndose, a la mirada panóptica. El morador del panóptico digital es víctima y actor a la vez.
Con veintidós años Charles Darwin se embarcó como naturalista sin paga en el navío de reconocimiento HMS Beagle para emprender una expedición científica alrededor del mundo. Fruto de esta experiencia fue tanto su Diario del viaje del Beagle como su obra capital El origen de las especies, para muchos el libro científico más influyente jamás escrito, donde explicaba la evolución de todas las formas de vida ancestrales que habían poblado la Tierra a lo largo de los tiempos. La nueva teoría científica defendía que las poblaciones evolucionan durante el transcurso de las generaciones mediante un proceso conocido como selección natural, o de la supervivencia de los más aptos, y presentaba pruebas de que la diversidad de la vida surgió de la descendencia común a través de un patrón ramificado de evolución. Esta revolución de Darwin vino a completar la de Copérnico y Newton: el ser humano sabía ya que el universo obedece a leyes inmanentes que determinan todo cuanto sucede en la naturaleza. Sin embargo, esta revolución científica había dejado fuera de su alcance el origen de los seres vivos, cuyas maravillosas adaptaciones parecían ser el cumplimiento de una finalidad preestablecida: el ojo, exquisitamente diseñado para la función de ver, la mano, para sujetar objetos, o los riñones, para regular la composición de la sangre... Pero la selección natural, convertida en ley, pasaba a ocupar un espacio que hasta entonces se había reservado exclusivamente a Dios.
Esta antología no es una teoría de la invectiva ni un método para la practica del insulto, sino una muestra del ejercicio de lo que podríamos llamar «arte de insultar
En diciembre del año 2019 se reportó en Wuhan, China, la existencia de una neumonía con causas desconocidas. Algunos meses después el mundo se encontró lidiando con lo que resultó ser una pandemia por un nuevo coronavirus. En general, los países optaron por estrategias restrictivas y de confinamiento para evitar su rápida propagación y el colapso de los sistemas sanitarios. Así, el covid-19 se instaló en el centro de nuestra vida, modificando nuestros modos de relacionarnos, de evaluar a la autoridad y sus atribuciones, cambiando prioridades y expectativas, capacidades económicas, modos de trabajar, de divertirnos, amar, producir, comunicarnos, aprender y enseñar, movilizarnos y ocupar el espacio, consumir, quizás incluso soñar, en definitiva, de vivir.
Esta obra debía ser entregada a Jacques Derrida para su cumpleaños número 75. Arrancado a la vida un año antes, no llegó a conocerlo. Los autores, de renombre internacional, que aportan aquí el testimonio de la fecundidad del pensamiento de Derrida en sus campos de trabajo respectivos, frecuentaron todos, tanto al autor como a la obra. Derrida ha significado para ellos una línea de vida que los mantiene a distancia de los dogmatismos y les abre un porvenir para el pensamiento, la escritura, la vida. Lejos de ser negativa, como a menudo se finge creerlo, la práctica de la deconstrucción, a la que está unido el nombre de Derrida, elige, contrariamente a todo pensamiento que quiera volver razonable a la locura, correr el riesgo y la chance de enloquecer la razón: para ver dibujarse otro horizonte de la justicia, del don, de la democracia, y una revolución en el pensamiento mismo de la revolución.
A pesar de su carácter de bosquejo, el curso de Marburgo del semestre de verano de 1926 puede considerarse un intento de Heidegger, en la fase de concepción de Ser y Tiempo, por recorrer filosóficamente la historia de la filosofía griega hasta Aristóteles. Repite el comienzo decisivo de la filosofía occidental como el proceso de descubrimiento del ser a partir del ente que se configura de modo cada vez más rico y diferenciado, porque solo así la filosofía actual podría llegar a apropiarse de un modo satisfactorio de las posibilidades contenidas en su preguntar. En la Primera Sección, el curso aborda el trata-miento que hace Aristóteles en el primer libro de la Metáfisica de la filosofía griega que le precede. La Segunda Sección del curso, que comienza con Tales y se ocupa de los pensadores y las corrientes de pensamiento significativos, trata estadios importantes de la filosofía griega. Heidegger ve un movimiento ascendente de autodespliegue del pensamiento del ser hasta su apogeo en la filosofía aristotélica. Este curso constituye una prueba de que el modo heideggeriano de formular y desarrollar el pensamiento del ser corresponde a una parte esencial de su ocupación con la historia, las formas del pensamiento y los conceptos fundamentales de la filosofía griega.