Desde hace un tiempo, el concepto de batalla cultural ha cobrado algo más de notoriedad en el plano mediático y político, aunque sigue resultando un término esquivo para el grueso de la sociedad y los políticos profesionales. En este manual intentamos analizar el basamento de la misma: la hegemonía cultural; mostrando cómo opera, desde el plano local al global, desde la izquierda clásica a la nueva izquierda, y desde la globalización capitalista al globalismo socialista. Pretendemos analizar los procesos que nos trasladaron a este presente, revalorizar los relatos fácticos y echar por tierra los falsos relatos que pretenden imponerse teóricamente desde la cultura y los medios de comunicación masivos, agudizando nuestro instinto de supervivencia: el pensamiento crítico y la duda razonable.
Figura singular y enemiga de convenciones, el estadounidense Henry D. Thoreau (1817-1862) desarrolló una obra fértil y heterogénea impregnada de un individualismo y de una integridad radicales. Si su obra más conocida, "Walden", fue el resultado de su voluntad de experimentar la libertad y la vida autosuficiente en la naturaleza, en sus «Diarios», ensayos y conferencias fue consignando su propia construcción como persona. Su ideología fue heterodoxa, radical, casi libertaria, antiimperialista y antiesclavista, y su influencia en los movimientos contemporáneos de desobediencia civil, desde Gandhi a nuestros días, ha sido enorme. De su discurso, tan firme como revolucionario, y que por otro lado, lejos de haber perdido actualidad, se revela hoy más que nunca como un referente para una sociedad asustada y secuestrada por poderes tan difusos como sospechosos, son excelente muestra los cuatro ensayos reunidos en este volumen -«Una vida sin principios», "Desobediencia civil", «La esclavitud en Massachusetts» y «Apología del capitán John Brown»- que la introducción de Juan José Coy ayuda a situar en el contexto oportuno.
El filósofo Byung-Chul Han dirige ahora su mirada crítica hacia las nuevas técnicas de poder del capitalismo neoliberal, que dan acceso a la esfera de la psique, convirtiéndola en su mayor fuerza de producción. La psicopolítica es, según Han, aquel sistema de dominación que, en lugar de emplear el poder opresor, utiliza un poder seductor, inteligente (smart), que consigue que los hombres se sometan por sí mismos al entramado de dominación. En este sistema, el sujeto sometido no es consciente de su sometimiento. La eficacia del psicopoder radica en que el individuo se cree libre, cuando en realidad es el sistema el que está explotando su libertad. La psicopolítica se sirve del Big Data el cual, como un Big Brother digital, se apodera de los datos que los individuos le entregan de forma efusiva y voluntaria. Esta herramienta permite hacer pronósticos sobre el comportamiento de las personas y condicionarlas a un nivel prerreflexivo. La expresión libre y la hipercomunicación que se difunden por la red se convierten en control y vigilancia totales, conduciendo a una auténtica crisis de la libertad.
Publicado en 1913, El Hombre Mediocre fue escrito por el sociólogo argentino de origen italiano José Ingenieros (1877-1925). La obra, mitad ensayo filosófico, mitad estudio sociológico, tuvo una gran influencia en la juventud argentina de la época, presentado el concepto de la influencia de los tres tipos de hombres: el inferior, el mediocre y el superior, sobre el desarrollo de la historia y la sociedad que los rodea. El Hombre Mediocre y sus ideas fueron pioneras del movimiento de la reflexión y el hombre nuevo, y con el tiempo fueron reinterpretados por José Ortega y Gasset en su obra La rebelión de las masas.
¿Qué veía un médico, a mediados del siglo XVIII, cuando observaba la presencia de la enfermedad en el cuerpo del paciente? Sin duda, sus métodos y su discurso aún le debían mucho al mito, a las creencias y a la imaginación. A fines de ese siglo, sin embargo, la medicina experimentó un cambio radical: la fuente de la verdad médica pasa a ser el ojo atento, la percepción cuidadosa que registra manchas, irregularidades, durezas, color, adherencias. Esta vigilancia empírica, que nace con la Ilustración, se convierte en el nuevo principio que rige la relación con el paciente y que se presenta como garantía de exhaustividad y precisión. El nacimiento de la clínica, publicado en Francia en 1963, es un ensayo revelador acerca de la observación médica y sus métodos durante un breve pero fecundo período en el cual, en la práctica clínica, la mirada se tornó criterio de verdad y racionalidad. Hasta ese momento, el saber médico hablaba un lenguaje sin apoyo perceptivo. "El nuevo espíritu (explica Michel Foucault) no es otra cosa que una reorganización sintáctica de la enfermedad, en la cual los límites de lo visible y de lo invisible siguen un nuevo trazo." La enfermedad y aun la muerte, antes opacas, se ofrecen ahora a la claridad de la mirada.
El exiliado de regreso al país natal no se asemeja en nada al extranjero de visita, ni siquiera al extranjero que él mismo fue al comienzo de su exilio. Cuando yo llegué a Francia, en 1963, lo ignoraba todo de este país. Yo era un extranjero en el seno de la sociedad francesa, que sólo de modo muy progresivo fue haciéndose familiar; yo viví, en mi contacto con ella, no un salto brutal sino una transición imperceptible de la posición del outsider a la del insider. Llegó el día en que tuve que admitir que ya no era un extranjero, al menos en el mismo sentido que antes.. Recién salido del seno de un régimen totalitarista, Todorov sembró el camino de su transición a ciudadano francés de pleno derecho con una serie de obras que van desde el análisis de las fronteras del colonialismo, del racismo, de la experiencia concentracionaria, hasta las barreras impuestas por el nuevo orden mundial, ... pasando por el análisis de los intelectuales, el poder y la libertad. Un autor que supo vencer las fronteras que nos imponemos continuamente estudiando los principales fenómenos que ayudan a levantarlas.-
“Cuando se quiere huir del mundo tal y como es, uno puede ser músico, puede ser filósofo, puede ser matemático. Pero ¿cómo huir de él siendo sociólogo? Para lograr ver y hablar del mundo tal cual es, hay que aceptar estar siempre en lo complicado, lo confuso, lo impuro, lo vago, etc., e ir así contra la idea común del rigor intelectual.” Tal el desafío que lanza Bourdieu en el prólogo de esta obra. Este clásico introductorio a la sociología muestra cómo la disciplina carece de un estatus epistemológico de excepción. Y justamente por el hecho de que los límites entre el saber común y la ciencia son en este terreno más imprecisos, se impone el esfuerzo por examinarla a través de los principios generales proporcionados por el saber epistemológico. A la pregunta referida a si la sociología es o no una ciencia, y una ciencia como las otras, debe sustituirse por la pregunta sobre el tipo de organización y funcionamiento de la fortaleza científica más favorable a la aparición y desarrollo de una investigación sometida a controles científicos. El “oficio” de sociólogo es una teoría de la construcción sociológica del objeto convertida en habitus, así lo definen los autores a lo largo de este texto. Poseer un oficio es saber que, para tener una posibilidad de construir el objeto, hay que volver explícitos los supuestos, o incluso revelar que lo real es relacional, que lo que existe son las relaciones, vale decir, algo que no se ve, a diferencia de los individuos o los grupos.
En estas páginas Crépieux-Jamin emplea una conducción segura, sistemática, que marcaría el camino al futuro de la grafología. Se trata de su «enfoque holístico», es decir, de la perspectiva integral para el análisis de la escritura. A cada elemento de la escritura a mano se aplica una gama de significados hipotéticos, pues se parte de la base de que el valor de un signo particular no es fijo, y que su importancia e interpretación son variables en función de otros elementos analizados en la escritura. Crépieux-Jamin da asimismo las bases para el desarrollo del vocabulario grafológico, propone una clasificación de los signos gráficos e indica todos los indicios de interpretación psicológica.
Reseña: ¿Cuál es la indignación de la que habla el título de este libro, el último que escribió Paulo Freire? Tratándose de una obra suya, esa indignación está muy lejos de la rabia que se agota en sí misma. Es, más bien, una indignación política que apuesta a la construcción colectiva y a la esperanza. ¿Cómo enfrentar el reto de educar a los jóvenes para que no se conviertan en pequeños tiranos ni en seres inhibidos? Los padres y los profesores tienen que explorar una delicada tensión: dar libertad y autonomía y a la vez marcar límites, que equivalen a cuidar el entorno común y a respetar las diferencias. Se enseñan contenidos, pero también modos de habitar el mundo, de interpretarlo y de articular proyectos de cambio que se traducen en acción política: el objetivo no es “entrenar” a los jóvenes sino “formarlos” para una vida cada vez más compleja. Con extrema lucidez, Freire habla asimismo de la violencia entre los adolescentes, que debe ser abordada con seriedad, sin estigmatizar a nadie, y de las revoluciones tecnológicas, que dificultan la transmisión generacional de valores y experiencias. El quehacer del maestro comprometido no es entonces la única preocupación de Freire, que analiza además las luchas sociales pacíficas que buscan la transformación sin caer en el voluntarismo, la conciencia ecológica, la alfabetización en la era de la televisión, y la educación de adultos. El tono y el discurrir de los textos son testimonio de la búsqueda más persistente del autor: un diálogo de igual a igual con los lectores, cifra del verdadero aprendizaje.
El capital. Crítica de la economía política (en alemán, Das Kapital - Kritik der politischen Ökonomie), de Karl Marx es, como reza su subtítulo, un tratado de crítica de la economía política; al mismo tiempo, ha sido también leído como una obra de filosofía, como un tratado de economía, o como un tratado político sobre las relaciones de dominación entre las clases, de un lado los proletarios y de otro los burgueses.
El vivir mejor se ha convertido en una pasión de masas. Hemos entrado en una nueva etapa del capitalismo: hemos entrado en la sociedad de hiperconsumo. Nace un Homo consumericus de tercer tipo, un turboconsumidor desatado, con gustos imprevisibles, al acecho de experiencias emocionales nuevas y de mayor bienestar, de calidad de vida y de salud, de marcas y de autenticidad, de inmediatez y de comunicación. El espíritu de consumo ha conseguido infiltrarse hasta las relaciones con la familia y la religión, con la cultura y el tiempo disponible. Pero estos placeres privados descubren una felicidad herida: jamás el individuo contemporáneo ha alcanzado tal grado de desamparo.
Reseña: El derecho es lo opuesto a la violencia: nace para detener el ejercicio de la venganza en un mundo sin ley. A la vez, el derecho es en sí mismo violencia: sus fallos la ejercen necesariamente sobre los condenados. Ambas afirmaciones son verdaderas, dice el autor de este libro, y en esa contradicción descansa un desafío filosófico con consecuencias prácticas centrales en el ámbito jurídico. Christoph Menke -académico y profesor formado en filosofía, estética y literatura, una de las figuras europeas contemporáneas más interesantes de la teoría crítica- acepta el reto y en estas páginas hace transparente y comprensible esta paradoja. A demuestra cómo, aunque el derecho se ha convertido en una fuerza que manda desde dentro de los propios sujetos que la obedecen, la violencia nunca desaparece realmente de su acción. En ese sentido, afirma, la capacidad autorreflexiva del derecho es un camino para hacer visible (y moderar) esa violencia inevitable. Este libro, que sin dudas encontrará su lugar en las bibliotecas de lectores y lectoras del ámbito jurídico, de la filosofía y del análisis literario, es una invitación al pensamiento crítico y alternativo sobre el derecho, especialmente necesario en tiempos en que la legitimidad de la ley se pone con frecuencia en entredicho.
Zygmunt Bauman nos presenta un estudio sobre las consecuencias sociales de los procesos globalizadores; pretende demostrar que la globalización incluye mucho más que sus manifestaciones superficiales e intenta hacer legible un término supuestamente clarificador de la mujer y el hombre moderno. Constituye, pues, un importante aporte sobre la polémica que ha desencadenado el concepto de globalización.
El curso El coraje de la verdad es el último que Michel Foucault dictó en el Collège de France, entre febrero y marzo de 1984. Poco tiempo después, el 25 de junio, Foucault murió. Ese contexto invita a escuchar en estas clases un testamento filosófico, tanto más cuanto que el tema de la muerte está muy presente en ellas, sobre todo a través de una relectura de las últimas palabras de Sócrates, «Critón, debemos un gallo a Esculapio», que Foucault, con Georges Dumézil, comprende como la expresión de una profunda gratitud a la filosofía, que cura la única enfermedad grave: la de las opiniones falsas y los prejuicios. Este curso prosigue y radicaliza los análisis llevados a cabo el año anterior en El gobierno de sí y de los otros. Se trataba entonces de examinar la función del «decir veraz» en política, a fin de establecer, para la democracia, una serie de condiciones éticas irreductibles a las reglas formales del consenso: coraje y convicción. Con los cínicos, esa manifestación de la verdad ya no se inscribe simplemente a través de una toma arriesgada de la palabra, sino en el espesor mismo de la existencia. Foucault propone, en efecto, un estudio del cinismo antiguo como filosofía práctica, atletismo de la verdad, provocación pública, soberanía ascética. El escándalo de la verdadera vida se construye a la sazón en oposición al platonismo y su mundo trascendente de Formas inteligibles.
La lección política que podemos aprender de Calibán y la bruja es que el capitalismo, en tanto sistema económico-social, está necesariamente vinculado con el racismo y el sexismo. El capitalismo debe justificar y mistificar las contradicciones incrustadas en sus relaciones sociales -la promesa de libertad frente a la realidad de coacción generalizada y la promesa de prosperidad frente a la realidad de la penuria generalizada- denigrando la “naturaleza” de aquéllos a quienes explota: mujeres, súbditos coloniales, descendientes de esclavos africanos, inmigrantes desplazados por la globalización. En el corazón del capitalismo no sólo encontramos una relación simbiótica entre el trabajo asalariado-contractual y la esclavitud sino también, y en relación en ella, podemos detectar la dialéctica que existe entre acumulación y destrucción de la fuerza de trabajo tensión por la que las mujeres han pagado el precio más alto, con sus cuerpos, su trabajo, sus vidas.
En este ensayo, Han profundiza su análisis de la sociedad del cansancio y de la transparencia, buscando sacar a la luz las nuevas formas de violencia que se ocultan tras el exceso de positividad. Hay cosas que nunca desaparecen. Entre ellas se cuenta la violencia. Su forma de aparición varía según la constelación social. En la actualidad, la violencia ha mutado de visible en invisible, de frontal en viral, de directa en mediada, de real en virtual, de física en psíquica, de negativa en positiva, y se retira a espacios subcomunicativos y neuronales, de manera que puede dar la impresión de que ha desaparecido. Pero la violencia se mantiene constante. Simplemente se traslada al interior. La decapitación en la sociedad de la soberanía, la deformación en la sociedad disciplinaria y la depresión en la sociedad del rendimiento son estadios de la transformación topológica de la violencia.