Qué simple si El jardín de los cerezos fuese tan solo la dramatización de las fuerzas sociales en pugna: una aristocracia que desaparece corrompida por la inercia y el tedio, y el pujante Lopajin, hijo de campesinos, convertido en próspero burgués. Qué cosa más fácil sería ver, en la transacción social, sacrificada la belleza pasiva del jardín bajo las garras del inversor. Como los pases de magia de Charlotta o la palabrería envolvente de Trofimov, la obra de Antón Chéjov burla el conflicto, suspende su sentido, lo sofoca suavemente en la contemplación. Pero lo retoma en la crisis interior de sus personajes, que deben superar el vacío de sus vidas y la incomunicación con la historia que se cierra y que nace ante sus ojos.
Publicada en 1886, La Muerte de Iván Ilich es considerada como uno de los mejores ejemplos del formato de novela corta de todos los tiempos. En ella se narran los últimos días del juez Iván Ilich, hasta su muerte, en la Rusia del siglo XIX. Esta novela fue el producto de serios cuestionamientos metafísicos y religiosos hacia el final de la vida de su autor, León Tolstói (1828-1910). El autor se cuestionaba la religión, la libertad, la educación y otros aspectos sociales que le rodeaban, y por eso se avoca a una exploración de la muerte y del morir, a través de la historia de un hombre que tuvo una vida sin significado, sin huella, sin importancia.