A fines de los setenta, Bukowski, santo patrón de los escritores bebedores, autor de las novelas y relatos más implacables y certeros sobre el gran sueño americano devenido pesadilla, aún no era demasiado conocido en su país. Pero en Europa el gran Hank ya era un escritor de culto. Y en 1978, invitado por sus editores, emprende una gira que comenzará en París y transcurrirá entre ríos de alcohol, y amenizada por algunos escándalos. Bukowski, que viaja acompañado por Linda Lee, su joven novia, acude borracho al programa cultural totémico de la televisión francesa, Apostrophes, lo sientan junto al psiquiatra que trató -o maltrató- a Artaud y, tras tocarle las piernas a otra invitada y decir algunas de sus terribles boutades -o verdades-, acaba insultando al presentador, Pivot, que se niega a dejarlo hablar, y abandona el plató estrepitosamente indignado. Después, Niza, a visitar a familiares de Linda, que no quieren verlo tras el escándalo de París; Alemania y recitales de poesía donde descubre que conovca a muchos jóvenes que lo aman, y también emocionados encuentros con sus fieles amigos, el director de cine Barbet Schroeder y su traductor Carl Weissner. Largas noches de vino y charlas; el viaje a Andernach, su ciudad natal, donde su padre, un sargento de las fuerzas de ocupación americanas, conoció a su madre, y donde aún vive su tío Heinrich; Hamburgo, sus putas y su hipódromo, y muchas máss noches de vino y amigos... Éste es el diario de un viaje insólito, de todo lo que Shakespeare no hubiera hecho ni dicho, contado con la brutal sinceridad y desgarro de siempre, y acompañado por las espléndidas fotografías de Michael Montfort.
Charles Bukowski, la más impactante prosa de alcantarilla: la indecente energía de la furia, el malhablado lenguaje de los bares y una exuberante impertinencia constituyen su voz experta en interrumpir la algarabía de «un mundo lleno de canciones de amor espantosas». Entre borrachos y suicidas, Bukowski ha conseguido que los miserables tengan su poeta y que la ironía sea capaz de derrotar a la peor de las tragedias. ¿No podría, entonces, llevarnos hasta el infierno y traernos sanos y salvos? Sanos, sí; a salvo, no. Y es que en este viaje, pleno en humor cruel y furia etílica, Bukowski despliega sus mejores artes de narrador despiadado para ofrecer una veintena de historias sarcásticas, explosivas y absolutamente inolvidables. Nadie sale ileso: ni el boxeador al que entre round y round le recomiendan tirarse, ni el escritor que va al hipódromo buscando una «acción» que lo arruina, ni el joven aburrido que lleva una prostituta a su casa, ni el actor que trata de escapar de la tiranía de la fama... Ni mucho menos, desde luego, el lector. "Hijo de Satanás", «un triste, cómico y potente libro como jamás escribió este importante autor», según la revista View, implica un paseo electrizante por el paisaje de la decadencia. A través de ese camino, Charles Bukowski ofrece la llave para abrir las secretas puertas del infierno. El callejón está abierto, y las emociones, aseguradas.
La familia de Addie Bundren se prepara para cumplir su última voluntad: enterrarla en la tierra de sus antepasados. El viaje de los Bundren –blancos, pobres, pero sobre todo muy humanos– se convertirá en una odisea coral donde el trayecto se entrecruza con sus respectivos itinerarios vitales: los de unos personajes guiados por un enconado sentimiento de deber al honor que, no obstante, irá desenmascarando también actitudes y sentimientos menos amables. En el camino de dificultades físicas y morales, por donde parece escucharse el rasgar monótono de la sierra de Cash mientras construye el ataúd de su madre, y sentirse el pálpito de la vida en su hermana adolescente Dewey Dell; por donde se avista la presencia amenazante de unos buitres al acecho, o el brillo descarado y vil de una flamante dentadura postiza, el lector observa y a la vez se siente compañero de esa intemperie que ahoga a todos. Imposible olvidar las atmósferas y personajes de este clásico con el que Faulkner se instala para siempre en nuestra memoria. Irma Amado
Andreas Kartak es un vagabundo que duerme bajo los puentes del Sena. Indigente, alcohólico, es nuestro oscuro gemelo perdido, ese personaje sobre el que volcamos nuestras fantasías de autodestrucción. Todos hemos sido Andreas alguna madrugada, bajo el influjo de la bebida, ebrios de irresponsabilidad, creyéndonos impunes, eternos, soñando con abandonarlo todo, la familia, el trabajo, la respetabilidad, la decencia, anhelando intercambiar nuestras vidas por el simple deleite de alargar, una copa más, una más, ese instante perfecto que no podemos retener; al final volvemos a casa, nos acostamos y al despertar llega la resaca, esa abominación que solemos llamar realidad. Sin embargo, a Andreas, nuestro Santo Bebedor, un día el despertar le reserva un milagro: en lugar de la resaca, un premio a su perversidad. Algo empieza a funcionar al revés (es decir, bien) en este mundo que siempre juzga méritos y culpas; por más que Andreas incumpla sus promesas, una y otra vez, lo que obtendrá a cambio serán recompensas. Es como si el azar, ese dios de la vida urbana, se compadeciera del pobre Andreas y le regalara unos últimos días de felicidad. Que nadie busque moralejas, porque estas son siempre el consuelo de los finales tristes. Juan Pablo Villalobos
El autor presentaba la edición italiana de este libro, que tuvo un éxito extraordinario, con estas palabras: Ésta no es una novela. Ni siquiera es un cuento. Ésta es una historia. Empieza con un hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento. El hombre se llama Hervé Joncour. El lago, no se sabe. Se podría decir que es una historia de amor. Pero si solamente fuera eso, no habría valido la pena contarla. En ella están entremezclados deseos, y dolores, que no tienen un nombre exacto que los designe. Esto es algo muy antiguo. Cuando no se tiene un nombre para decir las cosas, entonces se utilizan historias. No hay mucho más que añadir. Quizá lo mejor sea aclarar que se trata de una historia decimonónica: lo justo para que nadie se espere aviones, lavadoras o psicoanalistas. No los hay. Quizá en otra ocasión.
Los relatos que se incluyen en esta edición pertenecen a El regreso de Sherlock Holmes (1904) y fueron escritos después de que Conan Doyle se viera obligado a resucitar a su personaje por el éxito obtenido. Las aventuras del detective y de su ayudante están en la línea de los relatos cortos propios para ser publicados en la prensa y leídos rápidamente, por lo que el estilo queda en segundo lugar.
Tercera novela del escritor francés y pionero de la ciencia ficción, Julio Verne (1828-1905). Viaje al Centro de la Tierra narra las aventuras de Axel, el profesor Otto Lidenbrock y Hans, mientras exploran las profundidades volcánicas de Islandia en busca de evidencia de que se puede alcanzar el centro de la tierra viajando a través de tubos volcánicos. Su periplo está lleno de encuentros fantásticos, de criaturas prehistóricas y peligros imposibles, en un mundo subterráneo que parece otro planeta para los exploradores. Si bien Verne no fue el precursor de este tipo de historias, sí fue responsable de su revitalización a los ojos de los lectores modernos, y cementó su reputación como un autor adelantado a su tiempo y cuyas ideas solo mejorarían con cada nueva historia publicada.
Esta novela de la escritora modernista inglesa Virginia Woolf (1881-1941) narra un día en la vida de Clarissa Dalloway, mientras hace los preparativos para un fiesta que celebrará en la noche. La estructura narrativa se basa en el pensamiento de su protagonista y mediante saltos temporales y puntos de vista diferentes de otros personajes construye un retrato de la sociedad inglesa en la postguerra de la Primera Guerra Mundial. Es sin duda una de las mejores obras de su autora y una muestra del poder narrativo del modernismo literario y la técnica del tren de pensamiento, que es tan magistralmente utilizado para ilustrar la complejidad y profundidad de la mente humana, incluso en las situaciones más mundanas.
Estoy cansada de buscar una filosofía que concuerde conmigo y con mi mundo, quiero buscar un mundo que concuerde conmigo y con mi filosofía. Escritos cuando tenía unos veinticinco años y vivía en Francia con su marido, el poeta y banquero norteamericano Hugh Parker Guiler, estos dieciséis relatos inéditos en castellano sorprenden por su madurez y frescura, a la vez que muestran ya los dos elementos que luego se afianzarían en su obra —la ironía y el feminismo— y también sus obsesiones —el deseo femenino, la sexualidad, el adulterio, la belleza y el retrato de una masculinidad tan deslumbradora como tóxica—. Algunas de estas historias están protagonizadas por claros alter ego de Nin; otras, por apasionadas bailarinas de flamenco, misteriosos extranjeros, músicos... Poco después de escribir estos cuentos, Nin conocerá a Henry Miller, que diría de ella: «Cuando trato de imaginar de quién es deudor tu estilo, me siento frustrado, no recuerdo a nadie con el que tengas el más ligero parecido. Me recuerdas únicamente a ti misma». Melancólicos y punzantes, revelan ya a una gran autora que hizo saltar por los aires las convenciones literarias y sociales de su época.
Un objeto milenario ha desaparecido. Una amenaza se cierne sobre los nueve mundos. Magnus Chase no está preparado para el Ragnarok, pero ha llegado la hora de invocar la espada del tiempo y pasar a la acción. El martillo de Thor ha vuelto a desaparecer. El Dios del trueno tiene la mala costumbre de extraviar su arma (total, solo es la fuerza más poderosa de los nueve mundos), pero esta vez no se ha perdido exactamente, sino que ha caído en manos enemigas. Si Magnus Chase y sus compañeros no son capaces de recuperar el martillo, los mundos mortales quedarán totalmente expuestos al temible ataque de los gigantes. El Ragnarok empezará. Los nueve mundos arderán. Pero por desgracia, la única persona que puede ayudarlos a recuperar el arma es Loki, el peor enemigo de los dioses... y el precio que hay que pagar es muy alto.
En 1916 el artista francés Édouard Lefèvre deja a su mujer, Sophie, para luchar en el frente. Cuando su ciudad cae en manos de los alemanes, ella se ve forzada a hospedar a los oficiales que cada noche llegan al hotel que administra. Y desde el momento en que el nuevo comandante posa su mirada en el retrato que Édouard pintó de su esposa nace en él una oscura obsesión que obligará a Sophie a arriesgarlo todo y tomar una terrible decisión. Casi un siglo más tarde, el retrato de Sophie llega a manos de Liv Halston como regalo de boda de su marido poco antes de su repentina muerte. Su belleza le recuerda su corta historia de amor. Pero cuando un encuentro casual revela el verdadero valor de la obra, comienza la batalla por su turbulenta historia, una historia que está a punto de resurgir, arrastrando con ella la vida de Liv.