Publicada en 1886, La Muerte de Iván Ilich es considerada como uno de los mejores ejemplos del formato de novela corta de todos los tiempos. En ella se narran los últimos días del juez Iván Ilich, hasta su muerte, en la Rusia del siglo XIX. Esta novela fue el producto de serios cuestionamientos metafísicos y religiosos hacia el final de la vida de su autor, León Tolstói (1828-1910). El autor se cuestionaba la religión, la libertad, la educación y otros aspectos sociales que le rodeaban, y por eso se avoca a una exploración de la muerte y del morir, a través de la historia de un hombre que tuvo una vida sin significado, sin huella, sin importancia.
Antón Chéjov (1860-1904) es uno de los maestros indiscutibles del cuento corto y una de las figuras más prominentes de la literatura rusa de todos los tiempos. Vivió una carrera extremadamente prolífica, dejando más de un centenar de relatos cortos, quince obras de teatro, ensayos y novelas cortas. A pesar de que empezó a escribir cuentos por razones económicas, Chéjov creció en su ambición artística e hizo contribuciones estilísticas y formales al género que contribuyeron al desarrollo del cuento moderno. Esta selección de cuentos incluye una muestra importante de sus mejores trabajos, el amplio rango emocional del autor, sus temas preferidos y la inagotable inspiración que su país y su gente le proporcionaba.
Qué simple si El jardín de los cerezos fuese tan solo la dramatización de las fuerzas sociales en pugna: una aristocracia que desaparece corrompida por la inercia y el tedio, y el pujante Lopajin, hijo de campesinos, convertido en próspero burgués. Qué cosa más fácil sería ver, en la transacción social, sacrificada la belleza pasiva del jardín bajo las garras del inversor. Como los pases de magia de Charlotta o la palabrería envolvente de Trofimov, la obra de Antón Chéjov burla el conflicto, suspende su sentido, lo sofoca suavemente en la contemplación. Pero lo retoma en la crisis interior de sus personajes, que deben superar el vacío de sus vidas y la incomunicación con la historia que se cierra y que nace ante sus ojos.
La historia de la obsesión de Humbert Humbert, un profesor cuarentón, por la doceañera Lolita es una extraordinaria novela de amor en la que intervienen dos componentes explosivos: la atracción «perversa» por las nínfulas y el incesto. Un itinerario a través de la locura y la muerte, que desemboca en una estilizadísima violencia, narrado, a la vez con autoironía y lirismo desenfrenado, por el propio Humbert Humbert. "Lolita" es también un retrato ácido y visionario de los Estados Unidos, de los horrores suburbanos y de la cultura del plástico y del motel. En resumen, una exhibición deslumbrante de talento y humor a cargo de un escritor que confesó que le hubiera encantado filmar los picnics de Lewis Carrol. «Ningún amante ha pensado en su amada con tanta ternura, ninguna mujer ha sido tan embelesadamente evocada, con tanta gracia y delicadeza, como Lolita» (Lionel Trilling). «La obra más satisfactoria –quizá la única satisfactoria– de la literatura erótica que haya leído... Mientras nuestro siglo entra en sus años finales, la última carcajada puede ser la mejor de todas: la Gran Novela Americana fue escrita por un ruso» (Alan Levy). «Entre las más sutiles y complejas creaciones literarias de nuestro tiempo. Lo cual no significa, por cierto, que no sea un libro provocador» (Mario Vargas Llosa).
Corre el año 1874 en la deslumbrante ciudad de San Petersburgo, capital de la Rusia imperial, y la vida es una fastuosa fiesta para las clases acomodadas. A esta clase pertenece Ana, una joven bella, inquieta e inteligente casada con Karenin, alto funcionario de la corte zarista, con quien tiene un hijo. Un día, tras recibir una carta de su hermano, el mujeriego Oblonsky, pidiéndole ayuda para salvar su matrimonio con Dolly, Ana toma el tren en dirección a Moscú y en el trayecto conoce a la condesa Vronsky, a la que espera su hijo, un elegante oficial de caballería. Cuando Ana Karenina sea presentada al conde Vronsky surgirá una chispa entre ellos que acabará provocando un incendio imposible de sofocar... Lev Tolstói despliega en Ana Karenina su inigualable don para la descripción de atmósferas y espacios, para la pintura de caracteres y la penetración psicológica, puestos al servicio de una historia en que se entrelazan todas las maneras de entender y vivir el amor, y en torno a este eje intemporal hace girar la vida de una época y un pueblo, creando un monumento imperecedero de enorme belleza, que se yergue ante nosotros grandioso y palpitante interés, porque su sustancia está sacada de la raíz misma de la vida.
Antón Chéjov es uno de los mejores dramaturgos y maestro del relato corto de la historia de la literatura. Su perfección técnica, únicamente es comparable a su rigor, expuesto en el famoso principio del «arma de Chéjov»: una historia solo funciona si se eliminan los detalles superfluos. La presente recopilación es muy ilustrativa, tanto de la evolución cronológica de sus relatos como de sus preocupaciones temáticas. «Enemigos», «Obispo» o «La señora del perrito» son puro deleite para los lectores, así como auténticas lecciones de escritura.
Fina crítica social y multitud de personajes con una profundidad psicológica asombrosa. Las desventuras de Anna Karenina y su afán por integrarse en una sociedad hipócrita que la margina por adúltera, pero perdona los desmanes de su amante, nos hacen reflexionar sobre la invisibilización de la mujer a la par que nos ofrecen un fresco monumental de la Rusia decimonónica y todas sus contradicciones
León Tolstói (1828-1910) es reconocido como uno de los escritores más importantes de la novela rusa y de la literatura mundial. Nacido en una antigua familia de la nobleza, sus obras constituyen un fiel reflejo de la sociedad rusa de la época, convirtiéndolo en uno de los representantes más reconocidos del realismo. En “Anna Karenina” (que empezó a publicarse como un folletín en 1875, y se publicaría por primera vez entera en 1877), Tolstói narra la relación adúltera entre Anna Karenina, casada con un alto funcionario del gobierno, y el conde Vronsky, vínculo a través del cual el escritor retrata la doble moral y los antivalores de un entorno que no sanciona con la misma dureza moral al hombre y a la mujer. Además, muestra la profunda desigualdad social entre la élite y el campesinado, y la búsqueda de la felicidad del ser humano, que alcanza tras una metamorfosis espiritual. La novela ha sido llevada al cine en más de diez adaptaciones, y también sido adaptada a producciones teatrales y ópera