Acabado en 1967, "El sol y el acero" es un texto en el que encontramos la expresión de muchas de las contradictorias y sutiles líneas de fuerza que configuran el complejo y singular pensamiento del escritor Yukio Mishima (1925-1970), o cuando menos del personaje que quiso llegar a ser. El culto del cuerpo como trasunto y complemento del culto del espíritu, la dolorosa contradicción entre palabra y acción, la delgada, casi imperceptible frontera entre vida y muerte (realidades opuestas pero que a la vez se funden y complementan), son sólo algunos de los motivos que articulan este texto tan fulgurante como controvertido.
Considerada por algunos especialistas como la obra maestra de su autor, "Las formas elementales de la vida religiosa" resume el enfoque durkheimiano y ejemplifica claramente su visión del mundo social. En este trabajo sobre la religión primitiva, Émile Durkheim (1858-1917) realiza una excelente descripción de la cultura y la sociedad de los aborígenes australianos. Santiago González Noriega señala en su prólogo el interés de esta obra como teoría de la «unidad grupal» y del simbolismo, a la vez que destaca algunas de sus tesis básicas, como «la búsqueda de un equivalente funcional de las viejas religiones en nuestras sociedades laicas contemporáneas» y «la relación estrechísima entre la delimitación de grupos humanos y el sistema de creencias compartidas por sus miembros que se hacen visibles en símbolos sensibles». Otras obras de Durkheim en esta colección: "Las reglas del método sociológico y otros escritos sobre filosofía de las ciencias sociales".Considerada por algunos especialistas como la obra maestra de su autor, "Las formas elementales de la vida religiosa" resume el enfoque durkheimiano y ejemplifica claramente su visión del mundo social. En este trabajo sobre la religión primitiva, Émile Durkheim (1858-1917) realiza una excelente descripción de la cultura y la sociedad de los aborígenes australianos. Santiago González Noriega señala en su prólogo el interés de esta obra como teoría de la «unidad grupal» y del simbolismo, a la vez que destaca algunas de sus tesis básicas, como «la búsqueda de un equivalente funcional de las viejas religiones en nuestras sociedades laicas contemporáneas» y «la relación estrechísima entre la delimitación de grupos humanos y el sistema de creencias compartidas por sus miembros que se hacen visibles en símbolos sensibles». Otras obras de Durkheim en esta colección: "Las reglas del método sociológico y otros escritos sobre filosofía de las ciencias sociales".
Anima-Animus-Androgynus. Aportes para la comprensión de la diversidad de género nos abre un nuevo horizonte en la perspectiva de la psicología analítica sobre la identidad profunda, la identidad de género y la identidad sexual. El principio femenino, el principio masculino, el principio andrógino y el principio del Eros son los cuatro principios cosmogónicos que posibilitan la emergencia arquetípica en la psique humana, del Anima, Animus y Androgynus, cuyas dinámicas y relaciones están mediadas por la intensidad del Eros encarnado. Lo masculino no puede quedar reducido al hombre, como tampoco lo femenino a la mujer, ni el sexo ser identificado con el género, ni el anima con lo inconsciente en el hombre o el animus con lo inconsciente de la mujer. Estas son descripciones parciales. Hoy día son insuficientes para nuestra realidad personal y cultural. El despliegue de estos principios encarnados en la psique trae otra generatividad, otra fertilidad, otra creatividad que torna insuficiente la modulación binaria de la dinámica patriarcal. Esto se vuelve más complejo y promisorio con la exploración y la investigación de la multipotencialidad de lo androgynus en la psique humana. Sexo y género, anima, animus, androgynus, y feminidad, masculinidad y androginidad no son equivalentes ni sinónimos. Necesitan ser reconocidos en su diferenciación, amplitud y profundidad, así como también en sus secretas e íntimas relaciones. La psique clama por la alteridad y este diálogo de encuentro esboza una nueva comprensión, bosqueja nuevos modelos abiertos, relacionales, de mayor profundidad, de mayor despliegue, de estas dimensiones en sombra del Ser. Un libro necesario que amplía y profundiza la psicología de C. G. Jung.
La búsqueda de uno mismo a través del proceso de individuación es el viaje por el que nos conduce el filósofo, psiquiatra y psicólogo junguiano Vicente Rubino. La pregunta “¿Quién soy?” reverbera en el universo existencial desde el “Me he buscado a mí mismo” de Heráclito y el “Conócete a ti mismo” que promovía Sócrates aludiendo a la máxima del templo de Delfos. El desvelamiento de lo que esconden las máscaras de los muchos que somos ante el mundo, la integración de las energías masculina y femenina, el salir de la vida muerta hacia la sabiduría del renacer a nuestra autenticidad, son hitos en el camino que Vicente Rubino ilumina para que despertemos de la inconsciencia. El propósito de esta obra, nos dice el autor, ha sido exponer las etapas del proceso de individuación desde el nivel de un despliegue fenoménico arquetipal. Con ello nos ayuda a comprender, a desaprender y a transitar el camino que nos lleva a ser quienes realmente somos. El proceso de individuación es un camino de sanación, de despertar y de armonización de la psique con el río de la vida. Un proceso necesario en el turbulento mundo actual.
¿Cómo entender la obra Alberto Methol Ferré? ¿Fue Methol un pensador inclasificable, un socialista nacional, un conservador anti-ilustrado, un peronista uruguayo, un populista católico? Methol parece envuelto en un misterio y Delacoste se interna en él a la manera de una exploración intelectual que reconstruye la trayectoria de uno de los pensadores más complejos, influyentes y poco comprendidos del pensamiento político latinoamericano del siglo XX. Desde sus inicios en el herrerismo y el ruralismo hasta su participación en el nacimiento del Frente Amplio, su papel en las disputas dentro de la Iglesia católica latinoamericana, la reivindicación del peronismo y su defensa de la integración continental, Methol se movió por tradiciones diversas con una coherencia enigmática. Este libro aborda su figura desde dos ejes complementarios: por un lado, una narración histórica que recorre sus contextos, alianzas y transformaciones; por otro, una reflexión teórica que propone un concepto para entender su pensamiento: el verticalismo latinoamericano. Gabriel Delacoste ofrece aquí una obra rigurosa y polémica, que puede leerse como ensayo político, historia intelectual o ejercicio de pensamiento situado. Sin ser una biografía, este estudio ilumina las tensiones entre nacionalismo y socialismo, religión y política, revolución y orden, que siguen marcando el presente de América Latina. En tiempos revueltos, entender a Methol puede ser una forma de pensar lo que vendrá.
Un rasgo notable del nuevo mito es su capacidad de unificar las diversas religiones actuales del mundo. Al ver todas las religiones en funcionamiento como expresiones vivas del simbolismo de la individuación, es decir, el proceso de creación de consciencia, se establece una base auténtica para una verdadera actitud ecuménica. El nuevo mito no será un mito religioso más en competencia con todos los demás por la adscripción del hombre; más bien, dilucidará y verificará cada religión actual dando una expresión más consciente y completa a su significado esencial. El nuevo mito puede ser comprendido y vivido dentro de una de las grandes comunidades religiosas como el cristianismo católico, el cristianismo protestante, el judaísmo, el budismo, etc., o en alguna nueva comunidad aún por crear, o por individuos sin conexiones comunitarias específicas. Esta aplicación universal le da una genuina reivindicación al término católico. Por primera vez en la Historia tenemos un entendimiento tan comprehensivo, tan completo y fundamental del hombre, que puede ser la base para una unificación del mundo, primero religiosa y culturalmente y, con el tiempo, políticamente. Cuando suficientes individuos sean portadores de la consciencia de totalidad, el mundo mismo se volverá completo.
En este libro la autora explica el nexo existente, por una parte, entre el complejo, determinado por el individuo, y el arquetipo, condicionado por lo universal, y, por otra, entre ambos y el símbolo. La obra debe su existencia al deseo de aclarar estos tres conceptos fundamentales, verdaderos pilares del pensamiento junguiano. Para ello muestra los puntos de referencia con otras disciplinas y su delimitación precisa frente a ellas. También expone diferencias minuciosas respecto a los conceptos del psicoanálisis y se establece una comparación con las ideas de Freud y su escuela. Presta una máxima atención a las formas y aspectos en que se manifiestan los complejos, la esencia y el efecto del arquetipo y la función y multiplicidad del símbolo. El libro termina con la espléndida interpretación del sueño de una niña de ocho años según el método junguiano de la amplificación, lo que sirve para confirmar en la práctica la manera en que arquetipo y símbolo afloran en el inconsciente.
El modelo de los tipos psicológicos de Carl Gustav Jung. Ser consciente del modo en el que tiendo a funcionar hace posible que evalúe mis actitudes y comportamientos en una situación dada y que pueda ajustarlos. Me permite compensar mi disposición personal y ser tolerante hacia alguien que no funciona como yo -alguien que tiene, quizás, una fortaleza o una facilidad que a mí me falta. La pregunta importante no es si uno es introvertido o extravertido, o cuál es la función superior o inferior, sino, más pragmáticamente: en esta situación o con aquella persona, ¿cómo he funcionado?, ¿con qué efecto? Mis acciones y el modo en el que me expresé, ¿reflejaban realmente mis juicios (pensamiento y sentimiento) y percepciones (sensación e intuición)? Y de no ser ese el caso, ¿por qué no?, ¿qué complejos se activaron en mí?, ¿con qué fin?, ¿cómo y por qué estropeé las cosas?, ¿qué dice esto sobre mi psicología?, ¿qué puedo hacer para solucionarlo?, ¿qué quiero hacer para solucionarlo? La idea final aquí debe ser que, dejando aparte las implicaciones clínicas del modelo de Jung de tipología, su principal importancia continúa siendo la perspectiva que ofrece al individuo sobre su personalidad.
Atrapa el pez dorado es un ensayo sobre el origen de las ideas y la creatividad que el cineasta americano aplica a su universo personal. El punto de partida del libro es la meditación, algo que le apasiona desde hace años y cuya práctica ha marcado su proceso creativo. Es, también, un compendio de pensamientos que busca fomentar la creatividad y en el que David Lynch aboga por dejar trabajar a la intuición, a la vez que va revelando, de forma ágil y amena, detalles sobre su carrera, sus películas, Hollywood, etc. Música, pintura, películas. Lynch enlaza temas y lanza ideas. Esas ideas que, según él, son como peces persiguiendo el cebo del deseo.
La gran historiadora canadiense Margaret MacMillan, autora del bestseller internacional 1914. De la paz a la guerra, nos presenta aquí su propia selección personal de las figuras del pasado, hombres y mujeres, algunos famosos y otros menos conocidos, que en su opinión destacan como "personas que hicieron historia". MacMillan examina el concepto de liderazgo a través de Bismarck y su papel en la unificación de Alemania, William Lyon Mackenzie King en la defensa de la unidad canadiense, y Franklin D. Roosevelt en la política estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, y señala los grandes errores o decisiones destructivas de dirigentes totalitarios como Hitler y Stalin, o democráticos como Nixon y Thatcher. También hay espacio para soñadores y aventureros y personalidades únicas menos conocidas pero cruciales en su época. Este libro trata de la relación importante y compleja que establecen la biografía y la historia, los individuos y su tiempo.
La tragedia define los límites de la naturaleza humana y de los acontecimientos mundiales. Tras una larga experiencia como periodista internacional, corresponsal de guerra e influyente asesor de altos organismos estadounidenses, Robert D. Kaplan está convencido de que se precisa algo más que conocimientos geopolíticos para comprender cómo actúan los individuos y cómo deciden los gobernantes. Para él, las claves para entender el espíritu humano y los entresijos de la política internacional nos las da la tragedia. En su máxima expresión, Shakespeare y los trágicos griegos nos muestran, entre otras muchas cosas, las consecuencias imprevisibles que acarrean las decisiones difíciles, el enfrentamiento entre orden y caos, la convivencia con el miedo y la lucha constante que determina el destino de las personas. Obra breve pero extraordinariamente rica en ideas y propuestas, La mentalidad trágica es una profunda reflexión sobre la tragedia política hecha desde la experiencia vivida en primera persona a la que se añade el conocimiento de los clásicos.
Una de las principales tesis que Émile Durkheim (1858-1917) defendía es que la realidad de la sociedad es algo separado de la realidad de los individuos, lo que motivó acusaciones de ensalzar a la sociedad como una entidad mítica superior al individuo y la asociación de su nombre con ideologías totalitarias. Una lectura atenta de El Suicidio, obra clásica dentro del campo de la sociología, pone en claro la injusticia de estas críticas, y que las desviaciones filosóficas en que incurrió son de menor importancia comparadas con la estimulante claridad de su visión teorética y con la minuciosidad de sus investigaciones empíricas. Émile Durkheim, dentro del circunscrito marco de referencia de los grandes maestros de la ciencia social junto a Max Weber y Karl Marx, ha sido uno de los que más ha contribuido a configurar esta disciplina como ciencia, delimitando rigurosamente su objeto específico y sus métodos propios.
Hacia fines de la década del noventa, y de manera en un principio silenciosa y casi marginal, la teoría cultural comenzó a verse atravesada por discusiones alrededor de la dimensión afectiva. Si bien la filosofía y las ciencias sociales ya se habían ocupado de la cuestión, en esos años y como una suerte de desprendimiento de debates que se produjeron en el marco de las teorías feministas y queer, el análisis cultural le puso una marca a un punto de vista propio: el giro afectivo. El propósito fundamental de esta trama conceptual y activista, que tiene a Sara Ahmed y Lauren Berlant entre sus principales exponentes, es dar cuenta tanto de la dimensión afectiva de la esfera pública, como de la dimensión política de la vida afectiva. Este libro, publicado originalmente en 2011, sostiene que las fantasías de progreso constituyen un afecto particular: el optimismo cruel. Existe una relación de optimismo cruel cuando las aspiraciones a la buena vida son en realidad obstáculos para el desarrollo y el crecimiento. Berlant sostiene que el optimismo cruel ha sido el tono afectivo preponderante desde la década del ochenta, en paralelo a la consolidación del neoliberalismo y a la retracción de las promesas socialdemócratas de movilidad ascendente, seguridad laboral e igualdad social y política, a pesar de que el capitalismo tiene cada vez menos alternativas que ofrecer a los dramas de adaptación que surgen de la precariedad y la crisis. A través del análisis de un repertorio de dispositivos estéticos como novelas y películas, Berlant enfatiza los aspectos problemáticos de ciertos sentimientos habitualmente considerados optimistas o positivos, y de este modo impulsa una indagación crítica fundamental a la hora de pensar las emociones en la sociedad contemporánea.
Gaza es Auschwitz con cámaras: el horror convertido en espectáculo mediático. Desde hace 75 años, el Estado de Israel oprime, humilla y mata, pero tras el 7 de octubre se transformó en una máquina de exterminio, masacrando a decenas de miles de palestinos. ¿Cómo un pueblo históricamente perseguido pudo convertirse en verdugo sediento de crueldad? La ferocidad israelí no busca solo venganza; es el colapso de la razón misma. La crueldad, como deseo perverso de infligir dolor, se funde con el instinto animal de conservación y la práctica colonial de limpieza étnica. El proyecto humanista ha fracasado. Gaza demuestra que ya no gobiernan ni el lenguaje ni la razón, sino la violencia asesina como norma de lo humano. En esta era, el lenguaje miente y somete; el pensamiento crítico solo constata su impotencia. La civilización, al igual que la democracia, se extingue. ¿Qué futuro no será mortífero? ¿En qué promesa de esperanza creer? Gaza es el primer acto de una guerra mundial desatada por el supremacismo blanco en declive contra la humanidad. Hoy, quien conserve la ética y la empatía solo puede sentir desesperación. Pensar después de Gaza es pensar sin futuro, sin humanidad. El abismo ya está aquí. No basta con ignorarlo: es imprescindible cartografiarlo, incluso mientras caemos.
Ya nadie habla del alma en la filosofía. Quedó reservada para literatos y poetas. Denunciaron su origen mítico, pájaro con cabeza humana, lluvia de partículas. La acusaron de despreciar al cuerpo. La aplastaron el positivismo y ese yo homogéneo e impersonal de las filosofías de la conciencia. La psicología la redujo a un conjunto de mecanismos psíquicos. ¿Pero cómo dar cuenta de la singularidad de una persona, e incluso de una habitación o de un paisaje, de sus tonalidades, sus tensiones y armonías, sus evocaciones bellas o monstruosas, sus existencias virtuales, sin hablar de su alma? No es un problema metafísico, dice Étienne Souriau (1892-1979). Porque un alma no está dada, hay que instaurarla. Es una tarea peligrosa, arriesgada, simplemente porque puede fracasar. Un alma puede ser tan estrecha que tienda al automatismo, o tan extensa que se esfume como la neblina. El modo de existencia del alma solo se puede estudiar en singular, y por eso este libro está construido sobre escenas concretas bellamente escritas, que le agregan un valor literario: la pequeña mentira de Alberte a su novio, las palabras de Nora cuando abandona a su marido, la liberación que encuentra Faustus en su enfermedad, el sueño de Trenmor, y muchas otras. La obra de Souriau fue redescubierta recientemente por autores como Vinciane Despret, David Lapoujade, y particularmente por Isabelle Stengers y Bruno Latour, que consideran que su tesis sobre una pluralidad de modos de existencia, y en particular sobre la existencias virtuales, abre la puerta para una verdadera revolución en lo que fue la epistemología moderna.
Entre los diferentes modos de existencia que Étienne Souriau catalogó a finales de los arios 30 y comienzos de los 40, uno de ellos llamó poderosamente su atención: las existencias virtuales. Toda su investigación, en el cruce entre la filosofía y el arte, se vio conmovida por este hallazgo.. Estas existencias, en el límite de la no-existencia, y rebautizadas por David Lapoujade como "menores", no lo son por su insignificancia, aun cuando desde siempre y para siempre corren el riesgo de no ser tomadas en cuenta. Por el contrario, lo "menor" es un potencial, una positividad, un virtual lleno de posibles... siempre que se les reconozca su derecho de existir. Es entonces un asunto de jurisprudencia el que decidirá sobre ellas, ya que se trata toda vez de un hecho invisible, invisibilizado, o al menos no reconocido por la ley de lo visible. Este derecho de existir necesitará de testigos y de abogados defensores, ya que su litigio es el más difícil. Y reclamará un nuevo modo de ver, de percibir, de poblar... y seguramente, de luchar. Lapoujade perseguirá estas existencias -y el modo de percibirlas-por tierras diversas, desde la literatura de Pessoa, Proust, Kafka, Henri James o Beckett hasta la del mismo Don Quijote, pero también en la pintura, en la música, o en trayectos de la fotografía actual. Existencias "menores", o bien frágiles, evanescentes, espectrales. Puesto que sentir su presencia, diría Spinoza, es algo tan raro como excelso. Lejos de los seres de ficción y "al lado" de las cosas y los fenómenos que notamos, estas existencias viven a la manera de un halo, una brisa, o una bruma que se cierne.
Conocemos muy bien el peso que tuvo el pasaje del pensamiento de Deleuze por la historia de la filosofía, desde sus obras fundamentales de fines de los 60, pasando por sus lecturas de otros filósofos, sus libros que se inmiscuyen o invaden campos de saber no-filosóficos, hasta su colaboración con Guattari. Lo que nos cuesta conocer mejor es su gravitación en nosotros, qué hacer con él, con su obra, más allá de la cita de ocasión o la autocomplacencia banal. Y es la pregunta medular para una filosofía: su valor de uso. ¿Qué hacer con las críticas del capitalismo, del aparato de Estado, de las vidas neuróticas o de Edipo? ¿Cómo construir una política con los conceptos de nomadismo, de máquina de guerra o de línea de fuga? ¿Cómo el devenir minoritario puede ser potente? Necesitábamos una lectura como la de David Lapoujade, quien ha navegado como nadie por la obra de Deleuze –trabajando en la compilación de sus textos dispersos– y que construye su lectura desde una voz propia, no como quien cotorrea una jerga
Este conjunto de ensayos desafían nuestra visión del mundo contemporáneo. En un momento en que la civilización basada en combustibles fósiles se tambalea, este libro invita a una profunda reflexión sobre nuestra relación con la naturaleza, la energía y el futuro que imaginamos para las próximas generaciones. A través de recuerdos personales, análisis científicos de corte ecológico y una prosa que combina intuición y ciencia, el autor nos guía por paisajes donde el crecimiento infinito choca con los límites físicos del planeta. Con una mirada crítica pero no derrotista, Lima nos propone un ejercicio de atención y responsabilidad: reconocer las señales del cambio, conectar con otras formas de vida y comprender los desafíos políticos y sociales que definirán el mundo que habitamos. Austeridad y barbarie no implica una advertencia apocalíptica, sino que es una invitación a mirar de otro modo, a imaginar futuros distintos y a participar activamente en la construcción de un porvenir más habitable.
Todo el dilema es este: o bien la simulación es irreversible y no existe nada más allá de ella, no se trata siquiera de un acontecimiento sino de nuestra banalidad absoluta, de una obscenidad cotidiana... o bien existe de todos modos un arte de la simulación, una cualidad irónica que resucita una y otra vez las apariencias del mundo para destruirlas. De lo contrario, el arte no haría otra cosa, como suele suceder hoy, que encarnizarse sobre su propio cadáver. No hay que sumar lo mismo a lo mismo, y así sucesivamente, en abismo: esto es la simulación pobre. Hay que arrancar lo mismo de lo mismo. Es preciso que cada imagen le quite algo a la realidad del mundo, es preciso que en cada imagen algo desaparezca, pero no se debe ceder a la tentación del aniquilamiento, de la entropía definitiva, es preciso que la desaparición continúe viva: este es el secreto del arte...
El viaje interior. Peyote, hongos, psiconautas es un libro sobre sustancias psicoactivas, su consumo y los efectos que tienen en los individuos que las utilizan. Y es mucho más que eso también: esta obra reúne experiencias de consumidores de drogas visionarias y desde una perspectiva histórica ilumina zonas aún inexploradas por micólogos. En este texto fundamental tanto para especialistas como para curiosos, Guillermo Giucci nos presenta un recorrido que va desde la vivencia de Artaud con el peyote entre los indios tarahumaras, hasta los encuentros de Wasson con la chamana mazateca María Sabina y los rituales con los “niños santos”, y el viaje a México de los beatniks como rito liberador de su arte. Peyote, hongos teonanácatl, LSD, pastillas sintéticas de psilocibina… las drogas visionarias, a diferencia de las alucinatorias, le permiten al consumidor experimentar de forma consciente una visión, un tipo de viaje interior.