El fútbol es una batalla de ideas. Los equipos se enfrentan a partir de conceptos pensados por sus entrenadores y buscan "convencer" al contrario del modo más rotundo: venciéndole e imponiendo su idea propia. Desde sus orígenes, el fútbol ha desarrollado grandes ideas que han evolucionado, han chocado entre sí, se han hibridado y mutado por deseo o necesidad, generando grandes escuelas de pensamiento futbolístico. El fútbol no ha hecho más que emular a la filosofía, como si se tratara de universos paralelos, tal como dijera en su día Zlatan Ibrahimovic sin percatarse de que su afirmación no era ningún insulto sino una definición exacta de este deporte, detrás del que se ocultan grandes ideas. Junto aCesar Luis Menotti, en la historia del fútbol muchos otros grandes filósofos, como Johan Cruyff, Maradona, Guardiola o Luis Aragonés, nos han dejado grandes reflexiones que no deberían quedar en el olvido. Así como en La evolución táctica del fútbol, Martí Perarnau nos regaló una maravillosa revisión histórica de los conceptos tácticos, en El fútbol y su filosofía rescata a los grandes filósofos de este deporte en un análisis de esos conceptos que quedará en el recuerdo de los más futboleros.
En este libro, Nazareth Castellanos se asoma a la filosofía de Martin Heidegger y propone tres pilares fundamentales en los que se sustenta la experiencia humana: construir, habitar y pensar. El relato comienza exponiendo la huella que los ancestros y las relaciones personales han dejado en la construcción de nuestro propio cerebro, para luego adentrarse en la posibilidad de reconstruir la arquitectura neuronal mediante la voluntad, algo para lo que la respiración es una herramienta esencial, pues establece un puente entre el mundo exterior y el interior, entre lo que somos y lo que creemos ser. Siguiendo el trazo anatómico que dejan cada inspiración y cada espiración en el cerebro, pueden definirse las bases neuronales del encuentro con uno mismo. En un ejercicio impecable, en el que aúna humanismo, ciencia y algunas de sus experiencias, la autora reúne diferentes técnicas de respiración para reforzar determinadas zonas del cerebro que nos ayudarán a preservar nuestra salud mental; en esencia, a conseguir un acercamiento a la propia identidad.
La ética protestante y el espíritu del capitalismo es, sin duda, la obra más célebre de Max Weber (1864-1920). Escrita en 1904/1905 y revisada en 1919/1920, representa un audaz esfuerzo tanto para matizar las tesis materialistas de Marx sobre la relación entre la religión y la economía como para poner en cuestión la presunta univocidad de lo racional. Desde que se publicara por primera vez, se convirtió rápidamente en uno de los textos más controvertidos y sugerentes de la sociología de la religión. La presente edición, que añade a esta obra los demás escritos de Weber sobre el protestantismo, se basa en la versión de 1920 y se beneficia de las aportaciones de la edición crítica de Johannes Winckelmann.
Los fundamentos de la libertad ofrece en sus páginas un análisis de los fundamentos teóricos que subyacen a las sociedades libres para recuperar y adaptar los principios del liberalismo clásico a los desafíos planteados por el siglo XX. La presente selección proporciona al lector un compendio de lo que Hayek llamó una filosofía política de la libertad.
Ya nadie habla del alma en la filosofía. Quedó reservada para literatos y poetas. Denunciaron su origen mítico, pájaro con cabeza humana, lluvia de partículas. La acusaron de despreciar al cuerpo. La aplastaron el positivismo y ese yo homogéneo e impersonal de las filosofías de la conciencia. La psicología la redujo a un conjunto de mecanismos psíquicos. ¿Pero cómo dar cuenta de la singularidad de una persona, e incluso de una habitación o de un paisaje, de sus tonalidades, sus tensiones y armonías, sus evocaciones bellas o monstruosas, sus existencias virtuales, sin hablar de su alma? No es un problema metafísico, dice Étienne Souriau (1892-1979). Porque un alma no está dada, hay que instaurarla. Es una tarea peligrosa, arriesgada, simplemente porque puede fracasar. Un alma puede ser tan estrecha que tienda al automatismo, o tan extensa que se esfume como la neblina. El modo de existencia del alma solo se puede estudiar en singular, y por eso este libro está construido sobre escenas concretas bellamente escritas, que le agregan un valor literario: la pequeña mentira de Alberte a su novio, las palabras de Nora cuando abandona a su marido, la liberación que encuentra Faustus en su enfermedad, el sueño de Trenmor, y muchas otras. La obra de Souriau fue redescubierta recientemente por autores como Vinciane Despret, David Lapoujade, y particularmente por Isabelle Stengers y Bruno Latour, que consideran que su tesis sobre una pluralidad de modos de existencia, y en particular sobre la existencias virtuales, abre la puerta para una verdadera revolución en lo que fue la epistemología moderna.
Entre los diferentes modos de existencia que Étienne Souriau catalogó a finales de los arios 30 y comienzos de los 40, uno de ellos llamó poderosamente su atención: las existencias virtuales. Toda su investigación, en el cruce entre la filosofía y el arte, se vio conmovida por este hallazgo.. Estas existencias, en el límite de la no-existencia, y rebautizadas por David Lapoujade como "menores", no lo son por su insignificancia, aun cuando desde siempre y para siempre corren el riesgo de no ser tomadas en cuenta. Por el contrario, lo "menor" es un potencial, una positividad, un virtual lleno de posibles... siempre que se les reconozca su derecho de existir. Es entonces un asunto de jurisprudencia el que decidirá sobre ellas, ya que se trata toda vez de un hecho invisible, invisibilizado, o al menos no reconocido por la ley de lo visible. Este derecho de existir necesitará de testigos y de abogados defensores, ya que su litigio es el más difícil. Y reclamará un nuevo modo de ver, de percibir, de poblar... y seguramente, de luchar. Lapoujade perseguirá estas existencias -y el modo de percibirlas-por tierras diversas, desde la literatura de Pessoa, Proust, Kafka, Henri James o Beckett hasta la del mismo Don Quijote, pero también en la pintura, en la música, o en trayectos de la fotografía actual. Existencias "menores", o bien frágiles, evanescentes, espectrales. Puesto que sentir su presencia, diría Spinoza, es algo tan raro como excelso. Lejos de los seres de ficción y "al lado" de las cosas y los fenómenos que notamos, estas existencias viven a la manera de un halo, una brisa, o una bruma que se cierne.
Conocemos muy bien el peso que tuvo el pasaje del pensamiento de Deleuze por la historia de la filosofía, desde sus obras fundamentales de fines de los 60, pasando por sus lecturas de otros filósofos, sus libros que se inmiscuyen o invaden campos de saber no-filosóficos, hasta su colaboración con Guattari. Lo que nos cuesta conocer mejor es su gravitación en nosotros, qué hacer con él, con su obra, más allá de la cita de ocasión o la autocomplacencia banal. Y es la pregunta medular para una filosofía: su valor de uso. ¿Qué hacer con las críticas del capitalismo, del aparato de Estado, de las vidas neuróticas o de Edipo? ¿Cómo construir una política con los conceptos de nomadismo, de máquina de guerra o de línea de fuga? ¿Cómo el devenir minoritario puede ser potente? Necesitábamos una lectura como la de David Lapoujade, quien ha navegado como nadie por la obra de Deleuze –trabajando en la compilación de sus textos dispersos– y que construye su lectura desde una voz propia, no como quien cotorrea una jerga
Arthur Schopenhauer parte de la convicción pesimista de que la existencia de los seres humanos oscila entre el dolor y el aburrimiento. En las cincuenta reglas que el filósofo alemán escribió en diversos momentos de su vida, nos invita a usar el ingenio humano y la prudencia práctica para conseguir la felicidad; consideraba que es esencial enseñar a vivir. Schopenhauer se vale del ingenio humano y la prudencia práctica para encontrar reglas de conducta y de vida que nos ayuden a evitar las penurias y golpes del destino, con la esperanza de que, si bien la felicidad absoluta es inalcanzable, podamos llegar a esa felicidad relativa que consiste en la ausencia de dolor. Elena Ferrándiz ha realizado una excepcional lectura gráfica de este libro imprescindible para aprender a vivir la vida.
Platón nos ofrece en su Gorgias un dialogo de una indiscutible actualidad centrado en analizar la naturaleza de la retorica y la justicia. ¿Se puede ser feliz y ser injusto al mismo tiempo? ¿Puede un político tomar decisiones que no se ajusten a la moral y ser realmente poderoso? Platón, por boca de Sócrates, defiende con una pasión inusitada sus puntos de vista en un dialogo con una estructura mas compleja de lo habitual y perfectamente trabada. La sucesión de tres discusiones consecutivas y de creciente intensidad que mantiene Sócrates con el retorico Gorgias, con su discípulo Polo y con Calicles, permiten al filosofo ático plantear profundas reflexiones sobre la verdadera finalidad de la retorica, sobre la justicia moral y sobre el ejercicio del poder por parte de los políticos.
El proyecto de publicar la obra completa de Platón según la ordenación cronológica que en líneas generales se ha consensuado para sus diálogos se inicia en este volumen con sus obras de juventud: Apología de Sócrates, Critón, Eutifrón, Hipias Menor, Hipias Mayor, Ion, Lisis, Cármides, Laques y Protágoras. Escritos hacia el final de la vida de Sócrates, cuando Platón decidió optar por el ejercicio de la filosofía por encima de la política, estos textos son los que más se acercan temática y estilísticamente al pensamiento de su maestro, otro de los grandes nombres de la filosofía griega y, por ende, occidental.
Este conjunto de ensayos desafían nuestra visión del mundo contemporáneo. En un momento en que la civilización basada en combustibles fósiles se tambalea, este libro invita a una profunda reflexión sobre nuestra relación con la naturaleza, la energía y el futuro que imaginamos para las próximas generaciones. A través de recuerdos personales, análisis científicos de corte ecológico y una prosa que combina intuición y ciencia, el autor nos guía por paisajes donde el crecimiento infinito choca con los límites físicos del planeta. Con una mirada crítica pero no derrotista, Lima nos propone un ejercicio de atención y responsabilidad: reconocer las señales del cambio, conectar con otras formas de vida y comprender los desafíos políticos y sociales que definirán el mundo que habitamos. Austeridad y barbarie no implica una advertencia apocalíptica, sino que es una invitación a mirar de otro modo, a imaginar futuros distintos y a participar activamente en la construcción de un porvenir más habitable.
Estos Tratados breves de historia natural muestran el interés de Aristóteles por aproximarse desde la óptica del filósofo a los fenómenos psíquicos, así como de situar los problemas relativos al alma humana en el marco general de la totalidad de los animales y aun de los seres vivos en su conjunto.
El testamento de Freud –y la clave de la lectura de toda su obra– está en Moisés y la religión monoteísta. Ningún otro de sus libros llevó tan lejos la especulación psicoanalítica para revelar los secretos de la alteridad y la paternidad. Ninguno se enfrentó con tanto rigor a la necesaria y compleja articulación entre lo psíquico y lo cultural. Con esta última obra, las hipótesis teóricas del asesinato del padre y del banquete totémico de Tótem y tabú se transforman: Moisés el hombre se convierte en la figura de un padre que escapa a los lazos del sexo y la sangre en razón de su origen egipcio. La interpretación a la que Freud se entrega aquí permite comprender las revisiones que introduce en su metapsicología, en primera fila de las cuales se encuentran la renuncia pulsional y el progreso en la espiritualidad. Si el caníbal asesino e incestuoso que cada uno abriga en sí mismo tiene la posibilidad de escapar a su destino trágico, esa posibilidad pasa por su capacidad de escuchar las palabras sin ilusión de Freud, y sus consecuencias para una definición de lo humano.
Cada uno de los tres ensayos Pasiones, Salvo el nombre y Khôra constituye una obra independiente y puede leerse como tal. Si, no obstante, se juzgó oportuno publicarlos simultáneamente, fue porque, pese al origen singular de cada uno de ellos, los recorre el hilo de una misma temática: forman una suerte de Ensayo sobre el nombre. Pasiones dice un secreto absoluto, a la vez esencial y ajeno a lo que se llama en general con el nombre de «secreto». Para llegar allí había que poner en escena, en la repetición más o menos ficticia de un «esto es mi cuerpo» y en el transcurso de una meditación sobre las paradojas de la cortesía, la experiencia en que se arrebata una deuda incalculable: Si hay deber, ¿no debe consistir en no deber? ¿En deber no deber actuar «conforme al deber», y ni siquiera, como diría Kant, «por deber»? ¿Cuáles pueden ser sus consecuencias éticas o políticas? ¿Qué debemos escuchar bajo ese nombre:«deber»? ¿Y quién puede encargarse de llevarlo con responsabilidad?
Gilles Deleuze no cesó de comentar a otros autores y de afirmar, mientras lo hacía, un pensamiento propio y original. Los mismos motivos lógicos, a menudo los mismos conceptos, retornan de un libro a otro, en cada ocasión variados, desplazados, la obra siempre en curso es como un juego de ecos o resonancias.
Destrucción de la democracia en nombre del Corán, expansión guerrera de la democracia identificada con la puesta en práctica del Decálogo, odio a la democracia equiparada al asesinato del pastor divino. Todas estas figuras contemporáneas tienen al menos un mérito: a través del odio que manifiestan contra la democracia o en su nombre, y a través de las amalgamas a las que someten la noción de ella, nos obligan a reencontrar la potencia singular que le es propia. La democracia no es ni esa forma de gobierno que permite a la oligarquía reinar en nombre del pueblo, ni esa forma de sociedad regida por poder de la mercancía. Es la acción que sin cesar arranca a los gobiernos oligárquicos el monopolio de la vida pública, y a la riqueza, la omnipotencia sobre las vidas. Es la potencia que debe batirse, hoy más que nunca, contra la confusión de estos poderes en una sola y misma ley de dominación.
Immanuel Kant, uno de los pensadores más destacados de toda la filosofía moderna, se preguntó a finales del siglo XVIII cómo hacer de la Metafísica una ciencia comparable a las Matemáticas o la Física y cuáles eran los límites del razonamiento humano. Lo hizo en su extraordinaria Crítica de la razón pura, un libro extenso y complejo que condensamos en la presente edición, cuidadosamente abreviada y que constituye todo un compendio de sabiduría y un desafío al intelecto. Como diría el propio filósofo: Sapere aude! («¡Atrévete a saber!»).
Entre 1885 y 1886 Nietzsche ofrecía dos títulos que condensaban su ideología principal, de manera muy distinta. Si Así habló Zaratustra expresaba su mensaje intelectual de forma poética y enigmática, Más allá del bien y del mal aparecía, en cambio, como discurso directo y perfectamente estructurado. La denuncia a la vacuidad del pensamiento general, acrítico y sujeto a la moral judeocristiana, emerge entonces en toda su crudeza, para animarnos a superarlo. Debemos situarnos por encima de él, «más allá del bien y del mal», esa debería ser nuestra «condición de vida».
Epicteto, un esclavo que tuvo que exiliarse de Roma precisamente por sus ideas filosóficas, nos ha legado sus consejos para hallar la tranquilidad de espíritu conociéndonos a nosotros mismos y a la naturaleza.
... la deconstrucción está siempre del lado del sí, de la afirmación de la vida. Todo lo que digo -al menos, desde Pas", en Parages- acerca de la supervivencia como complicación de la oposición vida/muerte procede en mí de una afirmación incondicional de la vida. La supervivencia es la vida más allá de la vida, la vida más que la vida, y el discurso que pronuncio no es un discurso mortífero; al contrario, es la afirmación de un viviente que prefiere el vivir, y por tanto el sobrevivir, a la muerte, pues la supervivencia no es sólo lo que queda: es la vida más intensa posible. Nunca estuve tan obsesionado por la necesidad de morir como en los momentos de felicidad y goce. Gozar y llorar la muerte que acecha es para mí lo mismo."