Siglo XXI incluye en su Biblioteca Clásica una nueva edición de la obra que revolucionó el campo de los estudios literarios desde comienzos del 1900 y que, gracias a los aportes fundamentales que produjo en el desarrollo estructuralista posterior, transformó definitivamente el modo de analizar la literatura y aún hoy genera polémica. Entre 1915 y 1930 un grupo de jóvenes lingüistas y poetas ligado a los movimientos artísticos de la vanguardia rusa revolucionó el campo de los estudios literarios produciendo nueva teoría que se convertiría en el punto de partida de la crítica literaria moderna. El movimiento fue el primero en considerar el texto literario como un sistema de procedimientos y modificó así el modo de analizar las obras: desde entonces, el sentido de un relato o un poema no emana del proyecto biográfico o intelectual de su autor ni de la tradición literaria, sino de la construcción misma de ese texto, de las decisiones estilísticas y la organización interna que definen su forma.
En estas páginas Crépieux-Jamin emplea una conducción segura, sistemática, que marcaría el camino al futuro de la grafología. Se trata de su «enfoque holístico», es decir, de la perspectiva integral para el análisis de la escritura. A cada elemento de la escritura a mano se aplica una gama de significados hipotéticos, pues se parte de la base de que el valor de un signo particular no es fijo, y que su importancia e interpretación son variables en función de otros elementos analizados en la escritura. Crépieux-Jamin da asimismo las bases para el desarrollo del vocabulario grafológico, propone una clasificación de los signos gráficos e indica todos los indicios de interpretación psicológica.
En este clásico presentado en nueva edición, Paulo Freire sostiene que la tarea de enseñar no puede reducirse a la transmisión de contenidos o destrezas sino que, por el contrario, debe avanzar para comprometer a los docentes y a los alumnos con su entorno social y cultural. Para el autor de Pedagogía del oprimido, la dimensión ética no puede estar ausente de ningún vínculo y menos aún del que se establece entre quien enseña y quienes aprenden, dado que esta dimensión es la que permite integrar y respetar al otro, comprender los cambios propios y ajenos y reconocer la injusticia. Pero sobre todo, la razón de la inclusión de la dimensión ética en la enseñanza está dada porque el autor ve en la ética, la vía que permite construir un sentido de autonomía y responsabilidad personal. "¿Por qué no discutir con los alumnos sobre la realidad concreta, a la que hay que asociar la materia cuyo contenido se enseña; la realidad agresiva en que la violencia es la constante, y la convivencia de las personas es mucho mayor con la muerte que con la vida? ¿Por qué no establecer una ‘intimidad’ necesaria entre los saberes curriculares fundamentales para los alumnos y la experiencia social que ellos tienen como individuos?" - Paulo Freire.
En un régimen de dominación de conciencias, en que los que más trabajan menos pueden decir su palabra, y en que inmensas multitudes ni siquiera tienen condiciones para trabajar, los dominadores mantienen el monopolio de la palabra, con que mistifican, masifican y dominan. En esa situación, los dominados, para decir su palabra, tienen que luchar para tomarla. Aprender a tomarla de los que la retienen y niegan a los demás, es un difícil pero imprescindible aprendizaje: es “la pedagogía del oprimido”. La pedagogía de Paulo Freire, siendo método de alfabetización, tiene como idea animadora toda una dimensión humana de la “educación como práctica de la libertad”.