En Felicidad que permanece, Bert Hellinger nos conmueve de nuevo apuntando hacia un lugar en el que por mediación del espíritu, la felicidad que tanto anhelamos se vuelve sencilla, asequible y luminosa para todos. Con su proverbial sabiduría, Hellinger nos enseña a profundizar en nuestras relaciones humanas para que la felicidad dure en lugar de quebrarse ante la primera dificultad que se presente. Así, enseña lo esencial para la realización del amor en la pareja, en la paternidad, en la filiación, en las relaciones con los demás y con nosotros mismos: el bienestar se asienta en el respeto al orden sutil de los sistemas familiares y en el logro del amor en nuestros vínculos. En ellos descansamos y logramos sentirnos plenos, cuando todos aquellos que forman parte de nuestra familia tienen un lugar en nuestro corazón, sin exclusiones. Esto requiere dar el salto desde la conciencia estrecha, que se orienta según criterios de buenos y malos, hacia el profundo abrazo al misterio de la vida tal como es y a todas las personas tal como son. El autor lo denomina «tomar más allá del bien y del mal».
En "Tótem y tabú", escrito en 1912, Sigmund Freud (1856-1939) se propuso explicar los orígenes de nuestra especie mediante interpretaciones psicoanalíticas proyectadas sobre la antropología. El horror al incesto, la ambivalencia de los sentimientos respecto al tabú, las funciones desempeñadas por el animismo y la magia, el totemismo y sus estrechas relaciones con la exogamia, son otras tantas consecuencias del drama edípico primigenio, esto es, del parricidio en la horda primitiva, base de la religión, la moralidad y las instituciones de la vida civilizada.
«A través de cuatro estudios que van del miedo al incesto y del tabú y la ambivalencia de los sentimientos al animismo y la omnipotencia de los pensamientos, antes de culminar en el retorno infantil del totemismo, [Freud] propone una historia del alma desde la aurora de la humanidad. Jamás el hombre de narcisismo ya herido por Freud, por el descubrimiento del imperio del inconsciente sobre su persona, se había topado con tanto espesor y complejidad. Y jamás se había aventurado el propio Freud a pintar un fresco metapsicológico tan vasto.»
Prólogo de E. Eskenazi e introducción de L. van der Post He aquí un libro innovador que ofrece una detallada y penetrante interpretación del Tarot en términos de psicología junguiana. A través de la analogía con las humanidades, la mitología y las artes visuales, Sallie Nichols ayuda a que cada lector experimente de forma única y personal las intrigantes imágenes del Tarot. Considerando los arcanos mayores como un mapa que describe el viaje hacia la autorrealización, la autora nos ofrece diversas técnicas para utilizar las cartas y adquirir concienciamiento práctico en el camino. Russell A. Lockhart, reconocido analista junguiano, ha comentado sobre el libro: «Dos grandes tradiciones se casan en esta obra: el Tarot mágico e incontrolable y la psicología arquetípica de Jung. Esta boda, tan esperada como debida, ha sido posible no sólo por la habilidad y la sabiduría de S. Nichols, sino también por su amor y cuidado por las imágenes del Tarot. El resultado es un soberbio y significativo volumen que servirá de alimento a las mentes más críticas. Todo lector que sienta interés o fascinación con el poder de la imagen sobre la psique encontrará en Jung y el Tarot justamente eso: un viaje al reino donde la imagen, la psique y el alma encuentran su frente y su meta».
Último gran texto metapsicológico de Freud, tras los pasos de Más allá del principio de placer, El yo y el ello es el libro de la segunda tópica, donde se introducen dos nuevas figuras: el ello (término tomado de Groddeck) y el superyó (el otro nombre del ideal del yo). Esta segunda tópica prolonga la primera (consciente, preconsciente, inconsciente); el yo, «esencia-superficie», ligado al sistema percepción-conciencia y vuelto hacia el mundo externo, es también un «ser fronterizo», que confluye con el ello (pulsional, inconsciente, pero también hereditario); de igual modo, el superyó, instancia moral y crítica, está también, como heredero del complejo de Edipo, más cerca del ello que del yo. Más que integrarla a ella, Freud injerta en esta nueva partición del aparato psíquico el segundo dualismo pulsional (Eros y pulsión de muerte).
El doctor Frankl, psiquiatra y escritor, suele preguntar a sus pacientes aquejados de múltiples padecimientos: «¿Por qué no se suicida usted?» Y muchas veces, de las respuestas extrae una orientación para la psicoterapia a aplicar: a éste, lo que le ata a la vida son los hijos; al otro, un talento, una habilidad sin explotar; un tercero, quizás, sólo unos cuantos recuerdos que merece la pena rescatar del olvido. Tejer estas tenues hebras de vidas rotas en una urdimbre firme, coherente, significativa y responsable es el objeto con que se enfrenta la logoterapia. En esta obra, Viktor E. Frankl explica la experiencia que le llevó al descubrimiento de la logoterapia. Prisionero, durante mucho tiempo, en los desalmados campos de concentración, él mismo sintió en su propio ser lo que significaba una existencia desnuda. ¿Cómo pudo él que todo lo había perdido, que había visto destruir todo lo que valía la pena, que padeció hambre, frío, brutalidades sin fin, que tantas veces estuvo a punto del exterminio, cómo pudo aceptar que la vida fuera digna de vivirla? El psiquiatra que personalmente ha tenido que enfrentarse a tales rigores merece que se le escuche, pues nadie como él para juzgar nuestra condición humana sabia y compasivamente. Las palabras del doctor Frankl alcanzan un temple sorprendentemente esperanzador sobre la capacidad humana de trascender sus dificultades y descubrir la verdad conveniente y orientadora.