El lugar y el lazo, que inicia un nuevo siglo, demuestra una vez más que el horizonte de la elaboración de los cursos de la orientación lacaniana en psicoanálisis es el psicoanálisis como experiencia. Lo preceden dos décadas en las que Jacques-Alain Miller ha ido montando y desmontando los matemas de Lacan para continuar con el aislamiento de un corte en la enseñanza de Lacan. El lugar y el lazo destaca la promoción del síntoma como referencia clínica en términos de sinthome (el cual responde a la orientación por lo real, que nombra lo fuera de sentido), que pone en tela de juicio lo que Lacan había propuesto como autonomía y dominancia de lo simbólico sobre lo imaginario y lo real, estableciendo la homogeneidad de los tres registros. Subrayando que esta equivalencia despierta del sueño estructuralista de un orden, un universo de reglas. Entonces, allí donde se encontraba el orden simbólico como armazón y referencia del sujeto, se inscribe la expresión modo de gozar. Un orden sintomático, en el que el propio síntoma es la regla que instaura una tensión entre el síntoma mensaje, punto de partida de la enseñanza de Lacan, y que en tanto reprimido es interpretable, y el síntoma modo de gozar, referencia de su última enseñanza, que no es interpretable como tal. Esta concepción según la cual la verdad es el Uno y no el Otro, que prefiere lo real, que introduce la noción de la lengua, que incluye la referencia a lo viviente, y que no se guía por el Nombre del Padre, conduce a Jacques-Alain Miller en este curso a revisar de manera desgarradora lo que Lacan había enseñado
El maestro interrumpe el silencio con cualquier cosa, un sarcasmo, una patada. Así procede, en la técnica zen, el maestro budista en la búsqueda del sentido. A los alumnos les toca buscar las respuestas a sus propias preguntas. El maestro no enseña ex cátedra una ciencia ya constituida, da la respuesta cuando los alumnos están a punto de encontrarla. Esta enseñanza es un rechazo de todo sistema. Descubre un pensamiento en movimiento: que, sin embargo, se presta al sistema, ya que necesariamente presenta una faz dogmática. El pensamiento de Freud está abierto a revisión. Reducirlo a palabras gastadas es un error. Cada noción posee en él vida propia. Esto precisamente es lo que se llama dialéctica. Jacques Lacan (Apertura del Seminario) Formato único Rústica sin solapas $ 1.500 Ver opciones de compra
«Las religiones, con todo lo que son y afirman», escribía C. G. Jung, «se hallan tan próximas al alma humana que a quien menos lícito le sería desatenderlas es justamente a la psicología». Jung se ocupó con la experiencia espiritual que no solo permea los credos, las iglesias y las tradiciones religiosas, sino que constituye la raíz misma de la vida psíquica. Lo que le interesa es comprender la psique como espacio de lo numinoso, conquistar nuevos modos de observar los fenómenos y las experiencias religiosas que hasta ese momento no eran usuales en la psicología de la religión. Toda la obra de C. G. Jung es un proceso de búsqueda abierto, un crisol de conocimientos psicológicos, pensamientos filosóficos, saber antropológico y sabiduría de la vida del que surge la noción del sí-mismo, central en la Psicología Analítica. Esta antología de sus escritos sobre espiritualidad y transcendencia traza un recorrido por los hitos principales en la indagación de la necesidad psíquica de la religión. Se ofrece a todos aquellos que quieren penetrar, en una época de crisis del sentido, lo que Jung denominó la «realidad del alma».
El seminario de C. G. Jung dedicado al yoga Kundalini, impartido en octubre y noviembre de 1932 en el Club de Psicología de Zúrich, constituye originalmente un comentario psicológico a las conferencias dictadas poco antes en ese mismo escenario por el indólogo Wilhelm Hauer. El propio Jung había valorado la invitación cursada a Hauer como un signo de los tiempos extraordinariamente revelador: «¡Consideren lo que significa que el terapeuta, que tiene que tratar directamente con gente que sufre y, por tanto, muy sensible, establezca contacto con una terapia oriental!». El yoga participa de dos nociones que son comunes a toda la filosofía y religión indias: la reencarnación y la búsqueda de liberación del ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento. Pero aunque el tantrismo, al que pertenece la escuela del yoga Kundalini, fue un movimiento religioso y filosófico, el interés de Jung por el yoga tántrico es eminentemente psicológico, pues ve en él un proceso natural de introspección. Si la filosofía india entiende que hay ciertos estados no-yoicos que influyen en la psicología personal, la meta del desarrollo humano sería producir una aproximación y una relación entre la esencia específica del no-yo y el yo consciente. En palabras de Jung, «los cakras se convierten en una guía valiosa en este oscuro campo, porque Oriente, y la India especialmente, han intentado siempre entender la psique como un todo».
La novedad que Freud anuncia en los Tres ensayos no es tanto la existencia de una sexualidad infantil como el hecho de que esta es universal e intrínsecamente perversa, enunciando una predisposición "originaria y universal" a la perversión, y que toda la sexualidad adulta, normal o perversa, procede de ella. Los Tres ensayos abren un nuevo dominio de la sexualidad, un dominio «lindante con la biología»: una sexualidad pulsional, presente «en germen» desde el inicio en el niño, una sexualidad anterior al inconsciente, todavía no reprimida. Dos sexualidades, una psíquica, otra pulsional, deberán en lo sucesivo coexistir en la teoría freudiana.La innovación teórica –la sexualidad perversa o ampliada– es acompañada de una innovación conceptual –la introducción de la noción de pulsión sexual.
Los dos artículos reunidos en este volumen se consagran a la práctica del psicoanálisis. En el primero, «Análisis terminable e interminable», Freud presenta una visión de conjunto de las posibilidades y los límites de la técnica analítica. Debido a ello, se trata de un artículo de referencia al que vuelven sin descanso los teóricos y los profesionales desde su primera publicación en 1937. El segundo texto, escrito el mismo año, se ocupa de una de las dimensiones más sutiles del trabajo del psicoanalista durante la cura, las «construcciones en el análisis», y el lugar esencial que corresponde a estas junto a la interpretación.Estos dos textos tardíos muestran que Freud mantuvo una preocupación constante por las cuestiones técnicas del psicoanálisis hasta el ocaso de su vida, antes de verse obligado a abandonar su consultorio y a sus pacientes para tomar el camino del exilio.