El seminario de C. G. Jung dedicado al yoga Kundalini, impartido en octubre y noviembre de 1932 en el Club de Psicología de Zúrich, constituye originalmente un comentario psicológico a las conferencias dictadas poco antes en ese mismo escenario por el indólogo Wilhelm Hauer. El propio Jung había valorado la invitación cursada a Hauer como un signo de los tiempos extraordinariamente revelador: «¡Consideren lo que significa que el terapeuta, que tiene que tratar directamente con gente que sufre y, por tanto, muy sensible, establezca contacto con una terapia oriental!». El yoga participa de dos nociones que son comunes a toda la filosofía y religión indias: la reencarnación y la búsqueda de liberación del ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento. Pero aunque el tantrismo, al que pertenece la escuela del yoga Kundalini, fue un movimiento religioso y filosófico, el interés de Jung por el yoga tántrico es eminentemente psicológico, pues ve en él un proceso natural de introspección. Si la filosofía india entiende que hay ciertos estados no-yoicos que influyen en la psicología personal, la meta del desarrollo humano sería producir una aproximación y una relación entre la esencia específica del no-yo y el yo consciente. En palabras de Jung, «los cakras se convierten en una guía valiosa en este oscuro campo, porque Oriente, y la India especialmente, han intentado siempre entender la psique como un todo».
La novedad que Freud anuncia en los Tres ensayos no es tanto la existencia de una sexualidad infantil como el hecho de que esta es universal e intrínsecamente perversa, enunciando una predisposición "originaria y universal" a la perversión, y que toda la sexualidad adulta, normal o perversa, procede de ella. Los Tres ensayos abren un nuevo dominio de la sexualidad, un dominio «lindante con la biología»: una sexualidad pulsional, presente «en germen» desde el inicio en el niño, una sexualidad anterior al inconsciente, todavía no reprimida. Dos sexualidades, una psíquica, otra pulsional, deberán en lo sucesivo coexistir en la teoría freudiana.La innovación teórica –la sexualidad perversa o ampliada– es acompañada de una innovación conceptual –la introducción de la noción de pulsión sexual.
En septiembre de 1909 Freud es invitado a hablar en los Estados Unidos con motivo del vigésimo aniversario de la Clark University de Worcester, Massachusetts. Hace el viaje con Jung y Ferenczi y se expresa ante un público ya ganado en parte para sus ideas. En cinco conferencias vuelve al nacimiento del psicoanálisis, a partir de los Estudios sobre la histeria coescritos con Breuer. Después de abordar la interpretación de los sueños, Freud se ocupa de la exploración de la vida sexual que permite explicar la formación de las neurosis. Esta primera exposición de conjunto del psicoanálisis será determinante para la difusión del pensamiento de Freud en los Estados Unidos y en el mundo. En Francia, su traducción inicial, aparecida en 1920, será la primera de una larga serie, que familiarizará a los lectores con los grandes textos freudianos.
Los dos artículos reunidos en este volumen se consagran a la práctica del psicoanálisis. En el primero, «Análisis terminable e interminable», Freud presenta una visión de conjunto de las posibilidades y los límites de la técnica analítica. Debido a ello, se trata de un artículo de referencia al que vuelven sin descanso los teóricos y los profesionales desde su primera publicación en 1937. El segundo texto, escrito el mismo año, se ocupa de una de las dimensiones más sutiles del trabajo del psicoanalista durante la cura, las «construcciones en el análisis», y el lugar esencial que corresponde a estas junto a la interpretación.Estos dos textos tardíos muestran que Freud mantuvo una preocupación constante por las cuestiones técnicas del psicoanálisis hasta el ocaso de su vida, antes de verse obligado a abandonar su consultorio y a sus pacientes para tomar el camino del exilio.
«Freud no está lejos de hacer suyas las palabras de Marx: “La religión es el opio de los pueblos”. Es lícito, dice, “igualar el efecto de los consuelos religiosos a los de un narcótico”. Las religiones alimentan una ilusión: todo lo que está bien terminará bien, todo lo que está mal será castigado, un programa cuyo cumplimiento se promete después de la muerte. (…) El texto se aproxima aquí a lo que quizá siga siendo lo más vivo y actual de su crítica. ¿Cuál es la característica de las representaciones religiosas? La de ser dogmas, conjuntos de enunciados sin autor que cada uno encuentra ya presentes, constituidos de pies a cabeza, y que “demandan creencia”.»
Las «Contribuciones a la psicología del amor» agrupan tres textos publicados entre 1910 y 1918, cuya reunión habría de ser un anhelo constante de Freud. ¿Qué dicen esos textos del amor? Paradójicamente, que es una cuestión de escisión. Escisión del objeto del amor entre las dos figuras (aunque no son exactamente figuras) de la mamá y la puta, y falta de conjunción de la corriente tierna y la corriente sensual, de la cual resultan la impotencia psíquica en el hombre («cuando aman no anhelan, y cuando anhelan no pueden amar») y, en la mujer, la negociación compleja con la prohibición. Toda paradoja obedece a una doble lógica. En la primera, la paradoja es casi exclusivamente un modo de presentación de una difícil verdad: cuando esta aparece, aquella desaparece. A la escisión del amor está presa en otro clivaje, de mayor alcance, que separa las «exigencias de la sexualidad» de los «requerimientos de la cultura». La segunda lógica, por su parte, pregunta con insistencia por qué ha sido necesario recurrir a la paradoja; lo que esta dice solo puede entonces aprehenderse mediante la inmersión en el propio texto que la pone en ejecución: la difícil y sublime escritura de Freud.