Destrucción de la democracia en nombre del Corán, expansión guerrera de la democracia identificada con la puesta en práctica del Decálogo, odio a la democracia equiparada al asesinato del pastor divino. Todas estas figuras contemporáneas tienen al menos un mérito: a través del odio que manifiestan contra la democracia o en su nombre, y a través de las amalgamas a las que someten la noción de ella, nos obligan a reencontrar la potencia singular que le es propia. La democracia no es ni esa forma de gobierno que permite a la oligarquía reinar en nombre del pueblo, ni esa forma de sociedad regida por poder de la mercancía. Es la acción que sin cesar arranca a los gobiernos oligárquicos el monopolio de la vida pública, y a la riqueza, la omnipotencia sobre las vidas. Es la potencia que debe batirse, hoy más que nunca, contra la confusión de estos poderes en una sola y misma ley de dominación.
Tras toda una vida vinculado al ejército de Prusia, Carl von Clausewitz (1780-1831) escribió un tratado que cambió para siempre el arte militar. Según su parecer, guerra y política van de la mano: el espíritu bélico nace de las ideas y los sentimientos de un territorio y las batallas, por tanto, deben situarse en un marco lógico e histórico. Estos postulados dieron pie a un cambio que convirtió a De la guerra en un título crucial en la historia del pensamiento. La presente edición ofrece una selección de la obra al publicar sus libros I-III y VIII de forma íntegra y en escrupulosa traducción de Carlos Fortea, realizada directamente
Immanuel Kant, uno de los pensadores más destacados de toda la filosofía moderna, se preguntó a finales del siglo XVIII cómo hacer de la Metafísica una ciencia comparable a las Matemáticas o la Física y cuáles eran los límites del razonamiento humano. Lo hizo en su extraordinaria Crítica de la razón pura, un libro extenso y complejo que condensamos en la presente edición, cuidadosamente abreviada y que constituye todo un compendio de sabiduría y un desafío al intelecto. Como diría el propio filósofo: Sapere aude! («¡Atrévete a saber!»).
Entre 1885 y 1886 Nietzsche ofrecía dos títulos que condensaban su ideología principal, de manera muy distinta. Si Así habló Zaratustra expresaba su mensaje intelectual de forma poética y enigmática, Más allá del bien y del mal aparecía, en cambio, como discurso directo y perfectamente estructurado. La denuncia a la vacuidad del pensamiento general, acrítico y sujeto a la moral judeocristiana, emerge entonces en toda su crudeza, para animarnos a superarlo. Debemos situarnos por encima de él, «más allá del bien y del mal», esa debería ser nuestra «condición de vida».
Epicteto, un esclavo que tuvo que exiliarse de Roma precisamente por sus ideas filosóficas, nos ha legado sus consejos para hallar la tranquilidad de espíritu conociéndonos a nosotros mismos y a la naturaleza.
... la deconstrucción está siempre del lado del sí, de la afirmación de la vida. Todo lo que digo -al menos, desde Pas", en Parages- acerca de la supervivencia como complicación de la oposición vida/muerte procede en mí de una afirmación incondicional de la vida. La supervivencia es la vida más allá de la vida, la vida más que la vida, y el discurso que pronuncio no es un discurso mortífero; al contrario, es la afirmación de un viviente que prefiere el vivir, y por tanto el sobrevivir, a la muerte, pues la supervivencia no es sólo lo que queda: es la vida más intensa posible. Nunca estuve tan obsesionado por la necesidad de morir como en los momentos de felicidad y goce. Gozar y llorar la muerte que acecha es para mí lo mismo."
Todo el dilema es este: o bien la simulación es irreversible y no existe nada más allá de ella, no se trata siquiera de un acontecimiento sino de nuestra banalidad absoluta, de una obscenidad cotidiana... o bien existe de todos modos un arte de la simulación, una cualidad irónica que resucita una y otra vez las apariencias del mundo para destruirlas. De lo contrario, el arte no haría otra cosa, como suele suceder hoy, que encarnizarse sobre su propio cadáver. No hay que sumar lo mismo a lo mismo, y así sucesivamente, en abismo: esto es la simulación pobre. Hay que arrancar lo mismo de lo mismo. Es preciso que cada imagen le quite algo a la realidad del mundo, es preciso que en cada imagen algo desaparezca, pero no se debe ceder a la tentación del aniquilamiento, de la entropía definitiva, es preciso que la desaparición continúe viva: este es el secreto del arte...
El emperador y filósofo romano Marco Aurelio destacó por su serenidad, su modestia y su búsqueda de la verdad, a la vez que fue un césar brillante en el campo de batalla. Solo escribió una obra: Meditaciones, uno de los mejores libros de filosofía y ética de la historia. Un compendio de sabiduría y reflexión para afrontar los tiempos adversos. Sus principios estoicos siguen estando vigentes en la actualidad: cómo mantener la integridad, cómo ser tolerante, cómo conservar la calma, cómo vivir en armonía el presente, actuando sobre lo que depende de uno y aceptando lo que no. En definitiva, una obra maestra para comprender mejor nuestra alma.
Estudiosa de historia del arte y de estética, la autora recorre con minucia el hilo que, circulando por buena parte de la obra de Deleuze, urde su apretada red conceptual en torno a la concepción de lo humano como devenir-animal. Idea nuclear que, para configurarse, necesita forjar categorías inéditas en el pensamiento -algunas de las cuales Deleuze elaboró en colaboración con Guattari-, como las de anómalo, mayor y menor, agenciamiento, rizoma, hecceidades, captura, ritornelo. Como trasfondo, desde la epistemología biológica, Geoffroy Saint-Hilaire y Simondon. Desde la filosofía, Spinoza, Bergson. Desde la literatura, Kafka, su Josefina la rata cantora y también aquel bicho innominado que ha dejado de ser hombre para perder también la condición de animal. Como recuerda la autora, "Deleuze no se interesa en el animal en tanto especie dominada o en tanto viviente menor frente a esa especie dominante mayor que sería el hombre. Se interesa en él como fenómeno anómalo, como fenómeno de borde, como devenir que permite a la humanidad pensar la cultura en términos de pluralidad y la vida en tanto diversidad de marchas y de ethos".
Pecado original o Accidente del origen, el comienzo es, como el fin, un límite y, al igual que la filosofía, tampoco las ciencias y las técnicas se salvan de esta tara original. En este ensayo, el autor de Velocidad y política examina el tema del accidente de los conocimientos y de la necesidad urgente, si no de un museo, al menos de un "conservatorio de catástrofes". Catástrofes industriales o naturales, su progresión pasó a ser no sólo geométrica sino también geográfica, cuando no cósmica. Errare humanum, perseverare diabolicum: según este adagio, el Progreso de la catástrofe contemporánea exige una inteligencia nueva, en la que el principio de responsabilidad sustituya definitivamente al de la eficacia de las tecnociencias: arrogantes hasta el delirio, estas ponen al futuro en un callejón sin salida, trágico atolladero de una desmesura contra la cual se elevaron, en los comienzos de la civilización occidental, los mundos grecolatino y judeocristiano.
«El síntoma es indicio y sustituto de una satisfacción pulsional interceptada, es un resultado del proceso represivo.» Sobre la base de la teoría del aparato psíquico desplegada en El yo y el ello, Freud reelabora conceptos presentes desde el origen, como la defensa y la represión. Se otorga un lugar importante a la neurosis obsesiva y se reexaminan dos historias de fobia: la del pequeño Hans y la del Hombre de los Lobos. Sale a la luz una nueva configuración, según la cual es la angustia la que provoca la represión y no a la inversa. En última instancia, el prototipo de toda situación ulterior de peligro lo constituye el trauma del nacimiento; la angustia reaparecerá cada vez que haya un peligro considerable, bajo la forma de angustia de la pérdida de objeto.
Esta conferencia fue pronunciada en 1976 en la sede de Charlottesville de la Universidad de Virginia. Jacques Derrida había sido invitado a hablar en ella sobre la Declaración de Independencia norteamericana. El lugar se prestaba: lo sabemos frecuentando por el fantasma de Jefferson; y también la fecha era apropiada: un bicentenario. ¿Quién firmó esa Declaración, y a qué se comprometió? En ello se juegan las estructuras teológico-políticas de la representación y de las democracias modernas. Apenas esbozada, la cuestión sigue las vueltas de un laberinto que se asemeja al del oído; y es también la de Nietzsche, la suya, como aquella de la cual escucha hablar, tratando de paso un solo y único tema: la autobiografía, su padre y su madre, las políticas de la lengua, de la firma y de la enseñanza, el periodismo y hasta el Estado moderno. ¿Podemos interrogarnos hoy acerca de una "herencia política" de Nietzsche?
Khôra sitúa una aporía ejemplar del texto platónico. El Timeo nombra khôra (localidad, lugar, espaciamiento, emplazamiento) a esa «cosa» que no es nada de aquello a lo cual, sin embargo, parece «dar lugar», sin dar jamás nada, empero: ni los paradigmas ideales de las cosas ni las copias que un demiurgo insistente inscribe en ella. Insensible, impasible pero sin crueldad, inaccesible a la retórica, khôra desalienta, ella «es» lo mismo que desarma los esfuerzos de persuasión, y cualquiera querría tener el valor de creer o el deseo de hacer creer: por ejemplo, en las figuras, tropos o seducciones del discurso. Esta increíble e improbable experiencia es también, entre otras dimensiones, política. Anuncia un pensamiento, o mejor, sin prometerla, una puesta a prueba de lo político.
En 1932, Freud se propone dar continuidad a la serie de Conferencias de introducción al psicoanálisis de 1915-17, que habían gozado de una repercusión considerable. En quince años, el psicoanálisis ha conocido elaboraciones decisivas, que son presentadas por él a lo largo de siete nuevas conferencias. En ellas hace una recapitulación de la interpretación de los sueños, para ocuparse luego de la descripción del aparato psíquico y abordar nuevas cuestiones, como la de la sexualidad femenina. Al plantearse cuál puede ser la cosmovisión del psicoanálisis cuando se lo confronta con la de la religión y la del marxismo, Freud aporta un complemento importante a El porvenir de una ilusión y El malestar en la cultura.
En la primera parte de este libro Fages emprende la tarea de clarificar, con estilo didáctico y ágil, las nociones claves utilizadas por Lacan, traduciéndolas a un código accesible para los lectores “no iniciados”: explica la interpretación lacaniana del complejo de Edipo, la metáfora del Nombre-del-Padre como significante sustitutivo que, al tiempo que relega al significante anterior, el Deseo-de-la-Madre, confina en el inconciente el significado del falo. Las formaciones del inconciente son analizadas según dos figuras fundamentales: la metáfora o condensación y la metonimia o desplazamiento. Fages estudia la contribución específica de Lacan a la práctica psicoanalítica, tomando como eje dos nociones clínicas tradicionales (neurosis y psicosis) y, correlativamente, las de represión y preclusión En la segunda parte, analiza minuciosamente el peculiar estilo lacaniano, cuyo barroquismo respondería, en última instancia, a la estructura misma del inconciente. El autor cierra su trabajo con una digresión filosófica -también estructuralista- acerca de la ideología subyacente en los planteos del discutido psicoanalista francés, utilizando algunos textos lacanianos referidos a Descartes, Kant y Hegel.
«Si el tema del libro es el destino del arte en el siglo XIX, ese destino sólo tiene algo que decirnos porque está contenido en el tictac de un reloj cuya hora ha sonado por primera vez sólo para nuestros oídos. Quiero decir con ello que la hora fatal del arte ha sonado para nosotros, y he fijado su marca en una serie de reflexiones pasajeras que llevan el siguiente título: “La obra de arte en la época de su reproducción mecánica”. Esas reflexiones tratan de dar una forma verdaderamente actual a los problemas de la teoría estética, y ello, desde adentro, evitando toda relación no mediatizada con la política».Desmembrada por los dos polos de una dialectización «fallida» entre dos dialécticas (la de la obra de arte autónoma, la del arte consumible), es evidente, sin embargo, que la problemática del artículo se abre al debate contemporáneo, que ha reformulado bajo otra luz esa comprobación de una discrepancia.
«“He soñado que es de noche y estoy en mi cama. (Mi cama tenía los pies hacia la ventana, frente a la ventana había una hilera de viejos nogales. Sé que era invierno cuando soñé, y de noche.) De repente, la ventana se abre sola y veo con gran terror que sobre el nogal grande frente a la ventana están sentados unos cuantos lobos blancos. Eran seis o siete. Los lobos eran totalmente blancos y parecían más bien como unos zorros o perros ovejeros, pues tenían grandes rabos como zorros y sus orejas tiesas como de perros al acecho. Presa de gran angustia, evidentemente de ser devorado por los lobos, rompo a gritar y despierto”».
El efecto más visible de esta extraña experiencia de pasividad que yace en el corazón del obrar mal es que el hombre se siente víctima precisamente por ser culpable. Similar desdibujamiento de la frontera entre culpable y víctima se observa cuando se parte del otro polo. Puesto que la punición es un sufrimiento que se considera merecido, ¿quién sabe si todo sufrimiento no es, de una u otra manera, el castigo por una falta personal o colectiva, conocida o desco- nocida? Esta interrogación, que verifica incluso en nuestras sociedades secularizadas la experiencia del duelo (...) recibe un refuerzo por parte de la demonización paralela que convierte el sufrimiento y el pecado en expresión de las mismas potencias maléficas. Tal es el fondo tenebroso, jamás desmitificado por completo, que hace del mal un único enigma.
Los cuatro ensayos de Max Weber escogidos para este volumen son testimonio del proceso de formación de la metodología weberiana. Su estructura interna es particularmente esclarecedora respecto de la comprensión de aquella: cada uno tiene un tema central pero recapitula las cuestiones consideradas en los otros trabajos desde puntos de vista diferentes. La obra forma así un todo coherente, y se constituye en herramienta insustituible para la comprensión de uno de los pensamientos más ricos del siglo XX en materia de análisis económico-social y de conceptuación histórica, cuya problemática mantiene hoy toda su vigencia. Se ha incluido una "Introducción", escrita por Pietro Rossi para la versión italiana de estos ensayos que reconstruye, con detalle y precisión, el ambiente de ideas de la Alemania de comienzos del siglo XX en materia de ciencias de la cultura. Si no reinsertáramos la obra de Weber en el desarrollo de la filosofía neokantiana y en el punto de encuentro entre el historicismo alemán y la sociología francesa, se nos escaparía buena parte de su rico contenido.
En palabras del autor, «vuelvo a pensar en la extraña conexión, vivida por mí en lo más profundo, entre política y filosofía (...) entendiendo a esta última como una interpelación libre de alguien a algún otro (...) que consista en la transformación directa de un sujeto, una especie de conversión radical, un vuelco completo de la existencia».«Hay algo así como una relación paradójica entre democracia, política y filosofía, términos que están finalmente ligados por la cuestión de la verdad».«Educado en un mundo cuyo pensamiento está corrompido y donde la injusticia es algo parecido a un principio tan secreto como sagrado (...) el filósofo no debería asombrarse de tener que vivir en una situación paradójica. La democracia es una condición de la filosofía, pero no tiene relación directa con la justicia, a la cual le toca presentarse, a la mayor distancia posible de las delicias democráticas y corruptas de la libertad individual, como la alianza circunstancial entre la virtud y el terror».«Venida de todos así como destinada a todos, de tal modo se definirá la existencia de la filosofía, una vez que, bajo condición de la política, sea democrática, en el sentido comunista del término, tanto con anterioridad a su existencia misma como con posterioridad a ella».